Desde hace más de una década, científicos, fabricantes y consumidores trabajan para evitar la posible contaminación del agua de consumo humanoderivada de los envases. Las botellas de agua mineral fabricadas algunos tipos de plásticos o incluso los tapones de algunas botellas de vidrio podrían desprender compuestos nocivos para la salud, según han apuntado durante los últimos años algunos estudios.

Para salir de dudas, por lo menos respecto a las aguas de consumo en España, un grupo de científicos del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) y el Laboratorio Oliver Rodés ha llevado a cabo un estudio sobre algunos de los grupos de compuestos que teóricamente se pueden transmitir al agua envasada desde las botellas de plástico o vidrio. En concreto, han analizado cinco tipos de ftalatos –ésteres de ácido ftálico–, el dietilhexiladipato (DEHA), el octilfenol, el nonilfenol y el bisfenol A (BPA). Los resultados de este trabajo se publican en la revista Food Chemistry.

Los materiales plásticos que se utilizan para envasar los alimentos están constituidos por pequeñas moléculas o monómeros que, junto a sus aditivos, pueden migrar al producto durante el proceso de fabricación del envase, el llenado o el almacenamiento, recuerdan los expertos del IDAEA, un centro de referencia internacional con sede en Barcelona.

Estas sustancias son las habituales en la fabricación de los envases, pero pueden tener efectos tóxicos en los órganos reproductores y en el sistema endocrino si superan los límites que marca la legislación sobre materiales plásticos en contacto con alimentos.

Los investigadores han analizado aguas minerales de 131 manantiales y tres aguas potables preparadas de 94 marcas comercializadas en España. Las muestras se tomaron justo después del envasado en las plantas embotelladoras y trascurrido un año de almacenamiento, para evaluar si durante ese tiempo se había producido la migración de componentes del plástico o aditivos.

“Las conclusiones del estudio indican que tanto los envases, sean de plástico o vidrio, como las aguas envasadas son completamente seguros para la salud y cumplen con la legislación vigente”, subraya a la agencia SINC la autora principal, Silvia Lacorte.

De un total de 6.516 valores, solo un 5,6% ofrecieron resultados positivos. Los compuestos que aparecieron con más frecuencia son el DEHP o di(2-etilhexil) ftalato, relacionado con el tapón corona de los envases de vidrio, y el BPA, asociado a los envases de policarbonato, un tipo de termoplástico moldeable habitual en la industria.

Pero las concentraciones son insignificantes y están muy por debajo de los máximos de ingesta total diaria o TDI. Por ejemplo, en el caso del DEHP habría que beber 231 litros de agua al día para alcanzar el límite que marca la legislación (0,05 mg/kg corporal/día) o 124 litros si se tratara del BPA.

“Teniendo en cuenta la concentración de los compuestos y el consumo diario de agua envasada, la posibilidad de desarrollar problemas de salud debido a su ingesta es inexistente”, insiste Lacorte.

La investigadora señala que los resultados “pueden ser útiles para las empresas envasadoras y para distribuidores de tapones y resinas, que están mejorando continuamente sus productos para limitar la migración de los envases y mantener intactas las características del agua del manantial”.

Más un problema organoléptico que de toxicidad

“La migración de componentes a veces provoca un problema organoléptico, más que de toxicidad –añade–, por lo que las empresas embotelladoras son las primeras interesadas en utilizar plásticos que no desagraden el gusto del consumidor”.

Los análisis también revelan que las botellas de plástico de polietileno tereftalato (PET) con tapón de polietileno de alta densidad, que representan la mayor parte de envases para agua del mercado español, presentan una muy baja incidencia de plastificantes.

Además, se ha observado que el formato del recipiente no afecta a la calidad del agua. Tampoco el periodo de almacenamiento, ya que los compuestos detectados en muestras recién envasadas eran básicamente los mismos que después de un año en el almacén.

Solo se ha detectado que la presencia de gas en el agua puede potenciar ligeramente los procesos de migración, que, en general, están relacionados con el tipo de monómero o material plástico empleado para la fabricación del envase.

“El agua envasada a menudo ha recibido ataques sobre el tema de migración de plastificantes, pero en realidad apenas se produce, y si ocurre alguna incidencia, ahora sabemos el porqué, de manera que se puede mejorar su envase”, señala Lacorte, que recuerda: “En España puede parecer un lujo beber agua envasada, pero en muchos países es una necesidad porque no la hay del grifo; y en todos los casos debe ser segura y de calidad”.

Fuente: La Vanguardia

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