Han analizado cómo afectarán el cambio climático y los usos del suelo en el Parque Nacional de Guadarrama para mantener una conservación exitosa en el futuro y sea aplicable a la futura gestión de otros espacios naturales.

parques naturales protegidos

En estas dos imágenes puede apreciarse el cambio en la representatividad ambiental (en verde) del Parque Nacional de Guadarrama, así como las zonas antrópicas (en rojo), que pueden actuar como barreras de la conectividad espacial. La imagen de la izquierda representa el presente, la de la derecha un escenario futuro. Aquellos lugares que aparecen en verde en los dos escenarios son lugares que van a desempeñar un papel muy importante para el parque nacional, siendo necesaria la creación de conexiones entre estas zonas y la reserva en cuestión.

Tras analizar cómo afectará el cambio climático y los cambios en los usos del suelo en la estructura ambiental del Parque Nacional de Guadarrama, investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) han desarrollado una metodología para favorecer que la gestión de espacios protegidos se adapte a las principales amenazas a las que se enfrentan y se pueda mantener una conservación exitosa. La metodología desarrollada se puede implementar en cualquier área protegida ya que permite examinar en cada caso si el área en cuestión mantendrá en el futuro su capacidad de representar las condiciones ambientales por las que se estableció como área destinada a la conservación.

Las áreas protegidas son zonas delimitadas en un espacio estático que se enfrentan a amenazas para la protección de la biodiversidad, como el cambio climático y los cambios del uso del suelo, que tienen una dinámica espacial. “Debido al dinamismo que caracterizan tanto a las condiciones climáticas como a los usos del suelo, las zonas protegidas podrían perder las características que motivaron su protección”, explica Mario Mingarro, investigador del MNCN. “En el futuro, las mismas condiciones que actualmente caracterizan dichos espacios podrían aparecer en otros lugares, más o menos alejados de la zona que en principio se protegió”, continúa Mingarro.

En este trabajo se ha estimado la representatividad climática actual y futura de una de las áreas protegidas más importantes y recientes de la península ibérica, el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, identificando áreas futuras con un clima similar a las existentes ahora en dicha reserva. Una vez obtenidas estas áreas receptoras, se han realizado simulaciones de los usos del suelo, permitiendo evaluar la viabilidad de dichas áreas receptoras, y los efectos de los cambios en la cobertura del suelo sobre la conectividad de estas áreas con el propio parque nacional.

“Lo que hemos logrado ha sido desarrollar una metodología que es aplicable a otras áreas protegidas del planeta y que permite adecuar la gestión atendiendo a las principales amenazas, así como localizar la futura ubicación de esos lugares receptores de las condiciones ambientales actualmente protegidos. Resulta imprescindible focalizar los esfuerzos de conservación en estos lugares para tener una red de áreas protegidas que realmente protejan la biodiversidad”, indica Jorge Lobo, investigador del MNCN.

El papel de los espacios protegidos

La presión humana sobre la naturaleza crece sin parar y la tasa actual de extinción de biodiversidad no tiene precedentes. Uno de los intentos por preservar los lugares naturales ha consistido en crear y diseñar áreas protegidas, reservas que tienen como objetivo mitigar algunas de las amenazas antrópicas, manteniendo la funcionalidad de los ecosistemas y preservando o reduciendo la pérdida de biodiversidad. “Las áreas protegidas han pasado a ser herramientas indispensables en la conservación, sin embargo, su integridad está cada vez más amenazada y si queremos una buena eficacia conservacionista resulta necesario una red de espacios protegidos conectados entre sí”, explica Mingarro.

Fuente: MNCN

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