Bajo la sombra alargada de la omnipresente crisis europea, la conferencia de la ONU contra el cambio climático entró ayer en su recta final. Si bien se han producido avances para la estructuración del Fondo Verde Climático, que ayudará a los países del sur, aún persisten grandes discrepancias en lo que atañe a la definición de un régimen legal que comprometa a los mayores emisores de gases contaminantes del planeta.
Según dijo la ministra de Patrimonio de Ecuador, María Fernanda Espinosa, las principales cuestiones para la estructuración del Fondo Verde Climático «han sido resueltas». El fondo, anunciado en 2010 y dotado con 100.000 millones de dólares (75.000 millones de euros) al año hasta 2020 para ayudar a los países pobres, estará vinculado a la convención del clima (una reivindicación de los países en desarrollo). Esta dotación se compondrá de fondos públicos más aportaciones privadas adicionales.

Una de las incógnitas que quedan sin despejar es cómo se nutrirá la financiación exigida. «No sirve de nada tener un fondo si este no es alimentado», dijo el primer ministro de Noruega, Jens Stoltenberg.
La crisis que asola a los países ricos no ayuda precisamente a que las negociaciones lleguen a buen puerto. Es la impresión de muchos delegados de esta conferencia que ha congregado durante 12 días a más de 190 países y que se clausura hoy. «Hemos entrado en un período de incertidumbre económica, en una era de austeridad fiscal. Pero no puedo dejar de subrayar hasta qué punto es crucial que los países desarrollados mantengan sus compromisos», urgió el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

«Cuando hay que salvar a los bancos, se movilizan miles de millones, y aquí parece que no habrá dinero contra el cambio climático», lamentó Espinosa. «La crisis le ha quitado importancia a la conferencia, no creo que haya ningún líder europeo preocupado con lo que pasa en Durban», aseguró.

Dos hombres pedalean para encender un Baobab utilizando energías renovables, en Durban. Foto: EFE/ Nic Bothma

Países vulnerables
El objetivo de las negociaciones es limitar a dos grados centígrados el calentamiento del planeta, para lo que es necesario que los estados asuman compromisos con miras a recortar las emisiones nocivas a la atmósfera (en sus industrias, en la energía o por la devastación de los bosques), y garantizar ayuda a las naciones más vulnerables a la hora de afrontar las consecuencias del efecto invernadero. La gran divergencia sobre la mesa era la definición de un régimen legal que obligue a adoptar medidas a los mayores emisores del planeta.
La Unión Europea indicó que está dispuesta a no dejar morir el Protocolo de Kioto, la única herramienta legal que obliga a 36 países ricos a recortar sus emisiones, cuya vigencia termina en 2012. Pero para suscribir un nuevo acuerdo inspirado en el acatamiento del plan de Kioto, Europa exige que los grandes emisores de gases contaminantes se comprometan, con fechas concretas, a rubricar un pacto similar y obligatorio que entraría en vigor después de 2020.

China y Brasil, que ocupan el primer y sexto lugar en el ranking de los mayores países emisores del planeta, a pesar de ser naciones en desarrollo, expresaron su voluntad de aceptar ese tipo de compromiso, aunque Estados Unidos, segundo emisor y que nunca ratificó Kioto, ha puesto en duda esa oferta y se ha resistido a confirmar su intención de contraer una obligación legal. «Todos los países desarrollados que son grandes emisores deberían asumir el liderazgo» comprometiéndose formalmente a reducir las emisiones, dijo la jefa del G77+China (que agrupa a las naciones en desarrollo), la argentina Silvia Merega. «Entendemos cuál ha sido el debate interno en EE UU, con un Congreso reticente a los acuerdos climáticos, pero no es comprensible desde el punto de vista internacional», dijo.
El mundo no puede esperar eternamente la llegada de más pruebas que demuestran la gravedad del calentamiento global del planeta para reaccionar, dijo, por su parte, Rajendra Pachauri, presidente del Grupo de Expertos Sobre la Evolución del Clima (GIEC). Algunos negociadores han sugerido esperar al próximo informe del GIEC, en 2014, antes de adoptar las decisiones más audaces en la lucha global contra el cambio climático. Sin embargo, Pachauri pone objeciones. El último informe del GIEC, que data de 2007, «incluye suficientes elementos en los que apoyarse para actuar. No es posible imaginar que tengamos que esperar sin fin nuevas pruebas», dijo el jefe científico.

Fuentes: http://www.eldiariomontanes.es y http://www.elmundo.es

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