El lobo ha dejado de ser una especie en peligro en extinción en España. La recuperación de las poblaciones del lobo ibérico se ha consolidado en la última década hasta alcanzar las 297 manadas, de las que el 72% se han reproducido. Estos son algunos de los interesantes datos recogidos por el biólogo Mario Sáenz de Buruaga, autor del libro Lobos. Población de Castilla y León. Situación en España.

El 60% de las manadas de lobos de la península se encuentran en Castilla y León, la zona con más ejemplares de Europa Occidental. La publicación constata que la especie es “especialmente común” en la zona cantábrica, Montes de León y Zamora, aunque en términos relativos el mayor crecimiento se concentraría en las provincias de Ávila y Segovia.

Tres años para censar los animales

La novedad de Lobos es que además del censo de Castilla y León, integra los datos del lobo de toda España. En el libro han  participado “todas” las comunidades autónomas con ejemplares, para lo que se ha realizado una “cuidadosa” metodología para no duplicar o contar dos veces la misma manada.

Para su realización, según indica Sáenz de Buruaga, se han empleado tres años de trabajo en el que “gran parte” del trabajo ha sido liderado por los guardas y celadores de la Junta de Castilla y León, que han recorrido “más de 50.000 kilómetros andando” para buscar indicios e información sobre las manadas.

Además, el autor explica que su proyecto no era buscar lobos solitarios, sino manadas implantadas en un lugar o un territorio. Los primeros, precisa son ejemplares solos que han sido expulsados de la manada o que se han ido en busca de nuevos territorios.

Sáenz de Baruaga expone las dificultades cuantiosas de trabajar con el lobo porque la especie es “muy elusiva y crepuscular, cuando no nocturna” a pesar de que se han producido muchos contactos con lobos durante el día, con ganaderos, agricultores o cazadores.

No está en peligro

En este contexto, el especialista confía en que el nuevo censo contribuirá a conocer el estado y la distribución de la especie en España y permitirá a las administraciones mejorar su gestión, así como los daños que la especie provoca a otras especies ganaderas.

El biólogo reconoce que este censo “ayuda” a conocer las tendencias demográficas y asegura que el lobo, claramente, está en fase de recuperación, lo que “contradice” comentarios tales como que la caza está poniendo “en jaque” la conservación de la especie. “Eso no se puede decir porque no es cierto”, sentencia.

Perros mastines

Sáenz de Buruaga apoya la opción del control de poblaciones con herramientas de gestión como los perros mastines en explotaciones de ganadería extensiva, pero también eliminando ejemplares y ha mostrado su preocupación por el “desencuentro total entre el medio rural y el medio urbano”.

A la hora de pedir una compensación por daños tras un ataque a una ganadería, hay dificultades para discernir entre un ataque de un perro asilvestrado o de un lobo, aunque con alta probabilidad se puede concluir por los rasgos de comportamiento.

Por zonas, no se puede matar lobos en  Andalucía, donde la especie está protegida y además la población es muy reducida. Sin embargo Sáenz de Buruaga aboga por hacer controles de población en lugares como la provincia de Ávila, donde “está protegido pero se pueden hacer controles con permiso de la Unión Europea ya que en el 2018 se han contabilizado no menos de 800 ataques”.

Controlar el exceso de ejemplares

“Esto es una barbaridad. Desde el punto de vista biológico. La población de Ávila es muy importante para que la especie vaya avanzando, pero se trata de manadas muy conflictivas y muy caras de gestionar. Ahí debemos gestionar sin complejos ni dogmas para defender el medio rural”,  apostilla este experto.

Como solución, aboga por facilitar el diálogo entre el mundo urbano y el rural y reclama que en la mesa del lobo participen “todos” los actores para poder alcanzar acuerdos y procurar soluciones, como por ejemplo el uso de mastines por parte de los ganaderos y la vigilancia mancomunada contratada durante las noches.

Si bien, el biólogo, que lleva 25 años trabajando con la especie, aspira a que no haya “tanto dogma” y a que se rebaje la violencia verbal sobre el lobo, una especie que, en su opinión, se puede “controlar” en algunos lugares sin que eso signifique que no haya que protegerlo, al tiempo que pide una “madurez” en la gestión de los grandes depredadores en España.

La concienciación de Rodríguez de la Fuente

Entre los motivos que llevaron a la extinción de la especie en España, el experto recuerda que prácticamente a mediados del siglo XIX y hasta principios del siglo XX, el lobo habitaba en buena parte de España, hasta que las campañas para erradicación de “alimañas” con veneno le hicieron replegarse en la cordillera cantábrica y parte de Galicia.

No fue, según recuerda, hasta la aparición en los años 80 del naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, cuando la población fue consciente de la regresión de la especie y del riesgo de extinción y se produjo un punto de inflexión en los años 80 para salvar al lobo de su persecución y se iniciara su recuperación en gran parte del territorio. Aunque asegura que “Rodríguez de la Fuente  decía que debía haber lobos donde los debe haber”.

Fuente:El Periódico

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