Parques, jardines y bosques periurbanos precisan una regeneración y diversificación de especies que les vuelva más resilientes ante los fenómenos extremos vinculados al cambio climático, como ha demostrado el reciente paso de la borrasca Filomena.

Jardín Botánico de Madrid/ Fuente: @pablovargas1111

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Para afrontar la restauración del arbolado de una ciudad como Madrid tras las fuertes nevadas causadas por el temporal, es necesario primero distinguir entre los diferentes espacios verdes, ya que “no es lo mismo intervenir en un bosque periurbano como el de la Casa de Campo, que en un parque como El Retiro, o en una alineación de árboles del Paseo de la Castellana“, ha detallado el decano del Colegio de Ingenieros de Montes, Eduardo Rojas.

Con el desarrollo de las zonas urbanas y el progresivo reverdecimiento de las ciudades, “se ha ido comprobando qué especies son las que se adaptan mejor“, pero “hay una cierta moda con la autoctonía que restringe mucho las especies” teniendo en cuenta que “la alineación urbana y los parques están separados del medio natural“.

Más de 600.000 árboles dañados

La nevada causada por Filomena, que ha afectado a cientos de miles de árboles, ha evidenciado que “el actual arbolado está al final de su vida útil porque se plantó sin medidas preventivas” y, como ejemplo de gestión mejorable indica que los responsables “pusieron árboles para que hubiera verde pero diseñaron alcorques minúsculos porque no cabían en las aceras“.

En parques y jardines, “el espacio permite más variedad” de especies, pero “en la alineación urbana o los bosques periurbanos como la Casa de Campo se trabaja con lo que se puede“, por la falta de espacio o por la pobreza del suelo.

Un arbolado con historia

Así, al igual que la antigua Roma introdujo el castaño en la península ibérica, por influencia napoleónica “en su día se plantaron muchos plátanos de sombra, de hoja caduca y mucho crecimiento“, sin tener en cuenta que al plantarse en gran número “tienen cierta tendencia a enfermar porque es una especie híbrida muy pobre genéticamente“.

Por ello en la actualidad hay una tendencia a abandonar este tipo de árbol, que ha quedado “relegado a las avenidas amplias“, para sustituirle por otras especies como el almez, la sófora, el cinamomo, el olmo siberiano o la morera.

Precisamente, para mejorar la situación, Rojas propone instalar hileras de especies diferentes para las alineaciones de las calles, ya que, “además de aportar colorido, impediría que una eventual plaga o un fenómeno extremo se lleve a todos por delante“.

Además, sugiere “despegar los árboles de las fachadas y sacarlos al centro de la calzada” separándolos así de los edificios para evitar que “crezcan inclinados“, ya que tal y como están dispuestos ahora “su anclaje en el suelo es muy malo y se parten en cuanto crecen mucho o soportan un peso extraordinario” como el de la nieve en grandes cantidades.

“Catástrofe arbórea en Madrid”

El portavoz de Ecologistas en Acción y miembro de la Mesa del Árbol -un foro consultivo convocado por el Ayuntamiento de Madrid- Juan Díaz, ha calificado a Efe de “catástrofe arbórea” lo sucedido en Madrid capital tras el paso de Filomena.

“La nevada se ha cebado especialmente con los pinos piñoneros”, árboles perennes de latitudes mediterráneas “muy aparasolados para proporcionar sombra” que han colapsado al quedar cubiertos por la nieve.

Díaz apuesta por “eliminar los árboles de hoja perenne de los jardines regados” porque ese riego provoca que los pinos desarrollen “raíces perezosas” que no arraigan bien en profundidad al encontrar agua cerca de la superficie.

Filomena es “una oportunidad para regenerar el arbolado urbano con especies autóctonas y variadas, rechazando los monocultivos y eliminando aquellos árboles que crecen muy rápido” pero no son adecuados para entornos urbanos, como chopos o catalpas.

Fuente: EFEverde

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