Mientras California sigue luchando contra los enormes incendios, el Gobierno de Donald Trump dio un paso más en su plan para revocar la autoridad de este estado, que cuenta con al mayor parque automovilístico de Estados Unidos, para establecer sus propias normas a la hora de limitar las emisiones contaminantes de los coches y regular la venta de vehículos electrónicos.

La propuesta para relajar los esfuerzos anticontaminación, presentada a primera hora del jueves, está en línea con la decisión del presidente estadounidense del año pasado de abandonar el Acuerdo de París de 2015, por el que los países se comprometieron a mitigar el calentamiento global.La medida supondría congelar los objetivos pactados entre el Gobierno federal de la era Barack Obama y la industria del automóvil en 2012. El pacto nacional debía evitar que se creara un doble mercado dentro de Estados Unidos. Además, era visto como una manera de forzar a la industria a fabricar coches eficientes en lugar de grandes vehículos contaminantes, un mercado donde el país es fuerte.

El proyecto presentado hoy, que ha sido elaborado por el Departamento de Transporte de EE.UU. y la Agencia de Protección Medioambiental (EPA, en sus siglas en inglés), congelaría los aumentos anuales de eficiencia energética de los automóviles, de manera que los niveles establecidos para 2020 se atrasarían a 2026. Y se reduciría considerablemente la exigencia de incrementar el número de vehículos eléctricos.

Si la propuesta de la EPA es aprobada, supondría, por ejemplo, un incremento del consumo de petróleo en EE.UU. de 5,3 a 11,9 millones de galones al día para 2025, así como de 16 a 37 millones de toneladas métricas de polución de carbono más para ese mismo año.

El acuerdo sellado en el mandato de Barack Obama suponía un único programa nacional para limitar los gases de efecto invernadero para vehículos de los años 2012 a 2025 que reduciría su emisión en 540 millones de toneladas métricas y equivaldría a la retirada de 422 millones de coches de las carreteras.

Con su propuesta, Donald Trump puso en pie de guerra tanto a California como a la docena de estados que siguen sus pasos en cuanto a la contaminación del aire. Combinados, estos estados representan más de un tercio de todas las ventas de automóviles de EE. UU. “California luchará contra esta estupidez de todas las maneras imaginables”, avisó el gobernador californiano, Jerry Brown, en Twitter. Funcionarios de los demás estados se unieron a las críticas este jueves. La disputa -que sacudió a los fabricantes de automóviles, entre otros- se centra en un elemento de la propuesta Trump que revocaría la autoridad de California bajo la Ley del Aire Limpio para establecer normas más estrictas que las federales que limitan las emisiones de gases de efecto invernadero desde los tubos de escape.

Tráfico en los Ángeles( Pixabay)

En un estado desértico que hace mucho que está en guerra con los caprichos de naturaleza, las regulaciones de emisiones no son solo cuestiones legales o reglamentarias. “Es una gran ironía que Trump publique este plan justo cuando California está ardiendo”, señaló a la agencia Bloomberg la profesora de derecho de la Universidad de California en Los Ángeles, Ann Carlson. “Ya estamos viendo incendios forestales catastróficos como resultado del cambio climático, y la respuesta de la administración es que todos deberían conducir un Hummer”.

El Gobierno dijo que la decisión impulsaría el consumo de petróleo de Estados Unidos en alrededor de 500.000 barriles al día hasta la década de 2030, y evitaría 12.700 víctimas de tráfico – o hasta 1.000 al año – al reducir el precio de los vehículos nuevos y animar así a la gente a comprar coches más nuevos y más seguros.

Grupos ecologistas rechazaron el argumento sobre la reducción de muertes por accidentes y dijeron que la propuesta elevaría los precios de la gasolina y daría marcha atrás a uno de los pasos más importantes tomados por Washington para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero responsables del cambio climático. También pondrían más vidas en riesgo debido a las emisiones inductoras de asma, dijeron.

La propuesta, según el Departamento de Transporte, rebajaría drásticamente los costes regulatorios previstos para los fabricantes de automóviles en 319.000 millones de dólares hasta 2029; reduciría en más de 60.000 millones, los que se esperaba que gastaran General Motors, Ford Motor y Fiat Chrysler Automobiles NV para cumplir con las reglas de Obama. Toyota Motor ahorraría 34.000 millones de dólares y Volkswagen 20.000 millones sobre los costes estimados.

A las voces contrarias a la iniciativa se sumaron las voces de veinte fiscales generales de EE.UU. que amenazaron hoy con denunciar al Gobierno de Trump si sale adelante su proyecto. “Las normas federales para limitar la polución de los tubos de escape y mejorar la economía del petróleo son nuestra mejor estrategia para reducir la contaminación provocada por el carbono, mejorar la calidad del aire y ahorrar a los conductores dinero en gasolina”, escribieron en una carta conjunta los fiscales.

La fiscal general de Nueva York, Barbara Underwood, señaló por su parte que debilitar las normas cuyo objetivo es controlar la polución llevará a los estadounidenses a respirar aire más sucio. “Congelar o debilitar estos estándares pone la salud de nuestros niños, mayores y todas las comunidades en riesgo, e incrementa los costes del cambio climático para nuestros estados”, apuntó Underwood.

Fuente:La Vanguardia

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