La NASA tiene previsto lanzar el próximo jueves, 29 de enero, el satélite SMAP (Soil Moisture Active Passive), que se dedicará en exclusiva a medir la humedad de la superficie de la Tierra. El grupo de Recursos Hídricos de la Universidad de Salamanca (HIDRUS) colabora en este proyecto desde hace dos años gracias a la red de estaciones de medición de la humedad que tiene instalada de forma permanente en la comarca de La Guareña, al sureste de Zamora. Estos datos han servido para calibrar los instrumentos del satélite y servirán a partir de ahora para validar la información que envíe.

Los científicos tienen que calibrar los sensores que viajan en el satélite. Para ello, necesitan tener como referencia los datos reales captados en la superficie, en este caso, en la red de 23 estaciones distribuidas en 1.300 kilómetros cuadrados que pusieron en marcha los investigadores de la Universidad de Salamanca en 1999.

La característica más relevante de SMAP es que por primera vez un satélite se dedica exclusivamente a registrar la humedad, “una variable de la máxima importancia que resulta complicado medir”, añade Martínez. De hecho, hasta hace poco tiempo sólo se podía hacer sobre el terreno y de forma puntual, pero con el desarrollo de sensores remotos ya es posible obtener esa información a distancia desde aviones o satélites.”Una vez que el satélite está en órbita hay que validar la información que envía en comparación con la medición in situ“, dice José Martínez, líder del grupo HIDRUS e investigador del Instituto Hispanoluso de Investigaciones Agrarias (CIALE).

El grupo HIDRUS ya ha colaborado con la Agencia Espacial Europea (ESA)en la calibración y validación de los instrumentos del satélite SMOS (Soil Moisture and Ocean Salinity), que combina la medición de la humedad en la superficie terrestre y la medición de la salinidad del mar.

Ahora, SMAP permitirá obtener una información de mayor calidad, al lograr una resolución mucho más grande y con dos instrumentos: un radar para realizar lo que los expertos denominan una medición activa (porque transmite microondas hacia la Tierra y recibe las señales que regresan), y un radiómetro para llevar a cabo la medición pasiva al detectar las emisiones naturales de microondas del planeta que varían según el agua del suelo.

Un mapa de humedad “cada dos o tres días”

El satélite estadounidense tendrá una órbita polar: pasará por encima de los polos del planeta y aprovechará el giro de la Tierra sobre su eje para ir cubriendo todo el territorio. Así se espera que “cada dos o tres días” pueda realizar un mapa de humedad de todo el mundo en tres escalas simultáneas, con una resolución de 3, 9 y 36 kilómetros.

Las aplicaciones de toda esta información pueden ser muy numerosas, comenzando por la investigación y las predicciones meteorológicas. “El agua en el suelo interactúa con la energía y la materia, y eso tiene repercusión para la dinámica atmosférica, así que con los datos de humedad se podrán elaborar mejores modelos de previsión”, comenta el investigador.


Aplicación meteorológica y agrícola
Asimismo, el satélite puede ayudar en la gestión de recursos hídricos y riesgos hidrológicos, por ejemplo, para prevenir situaciones como inundaciones o deslizamientos de tierra, así como para monitorizar sequías.

Todo ello puede tener importantes aplicaciones en el campo de la agricultura, ya que esta información puede ser una gran herramienta a la hora de tomar decisiones sobre el riego. Pero la puesta de estos datos a disposición de los agricultores es “un asunto que va más allá del aspecto científico y que tendría que llegar de la mano de decisiones políticas”, según ha explicado el investigador del CIALE. Ejemplo de ello es el acceso que ya tienen todos los ciudadanos a la información meteorológica a través de sitios oficiales en internet. En su opinión, los datos de humedad recogidos por SMAP podrían estar a disposición de los profesionales en un plazo de cuatro o cinco años.

Desde el punto de vista de la investigación, participar en este proyecto sitúa al grupo HIDRUS en primera línea mundial, ya que la información que recoja SMAP se pondrá a disposición de toda la comunidad científica. Con el lanzamiento del satélite comienza una fase “de comisionado” que durará tres meses y servirá para realizar un chequeo del funcionamiento del satélite.

En los dos próximos años se tratarán de validar los datos de SMAP cotejándolos con los que recojan los sensores de la red de La Guareña, denominada REMEDHUS. “Esto nos da una ventaja enorme y nos permite desarrollar productos nuevos antes que nadie”, afirma Martínez. Los datos que se recogen in situ también se pondrán, pasado el año, a disposición de otros investigadores. Ahora, los científicos de la Universidad de Salamanca trabajarán de forma simultánea con los datos del terreno y los que ofrecen los satélites SMAP y SMOS.

Fuente: www.agenciasinc.es

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