Hay muchas formas de utilizar las diferentes herramientas sociales que nos ofrece Internet a día de hoy. Entretenimiento, información, conversación… Twitter, Instagram, Youtube, las opciones son múltiples y variadas.

Pero hay una algo diferente: LinkedIn. Esta web social nos ofrece gestionar la identidad profesional. Tiene el foco puesto en las empresas, los negocios y el empleo. Con independencia de la forma en la que cada persona utilice LinkedIn, el punto común es un perfil de usuario basado en el curriculum vitae.

En este escenario los contactos vienen mediados por la experiencia laboral y las destrezas que cada usuario declara con la intención de ampliar e interactuar con su red profesional. Es una agenda de contactos viva, en la que no sólo vamos archivando tarjetas de visita, hojas de vida o cartas de motivación. Todo eso se va actualizando en el tiempo y nos permite conocer la situación y las inquietudes laborales de las personas que forman esa red.

El entramado de relaciones, en el que cada uno de los usuarios es un nodo que conecta otros nodos, se configura con una red entretejida entre centros de formación compartidos, experiencias laborales comunes, interés en puestos de trabajo similares…  Una red virtual de conexiones reales, que tienen su reflejo en el día a día de compañeros de trabajo, clientes y proveedores de productos y servicios, ofertas de empleo, entrevistas comerciales… contratos.

Desde hace algún tiempo veo LinkedIn no sólo como una red de información, también como una red de seguridad. El equilibrio dinámico que supone una carrera profesional a todos nos toca vivir etapas que podemos representar como la escalada a una pared vertical, otras en las que nos vemos paseando por el cable de un funambulista. Y de vez en cuando nos toca hacer de trapecistas: soltar las manos, hacer una pirueta y confiar en que podremos agarrar, al vuelo, la siguiente oportunidad de seguir participando en el gran circo del mercado laboral.

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No siempre sale bien. Y, a pesar de que hay profesionales más o menos temerarios, conviene tener una buena red. Una red segura que te sujete antes de llegar al suelo. O, si no es posible, que sea capaz de recogerte, al menos, en el segundo bote.

¿Es segura mi red de LinkedIn? No puedes saberlo hasta que no la pruebas. Y, normalmente, como cualquier otro equipo de seguridad, prefieres no tener la oportunidad. En mi caso ocurrió en 2010, cuando me metí en un callejón sin salida y me vi saltando al vacío sin haberlo previsto ni preparado. Pero salió bien para los tiempos que corrían. Un mensaje en LinkedIn sirvió para que varias personas viniesen al rescate y me ayudasen a levantarme.

Aprendí que lo importante de la red no es que sea muy extensa, que también tiene su valor, la clave esté en que tenga nodos fuertes que distribuyan bien la tensión. Esos nodos hay que cuidarlos periódicamente. Sin perder de visa que estamos ante relaciones personales.

Afortunadamente el sector ambiental nos ofrece oportunidades periódicas de hacerlo. Momentos de encuentro donde podemos desvirtualizar a nuestros contactos en redes sociales. Un Congreso Nacional del Medio Ambiente cada dos años marca el ritmo, pero son muchas las jornadas y eventos sectoriales que nos permiten compartir tiempo y espacio.

Porque no se trata solo de escribir convincentes recomendaciones, puntuar las habilidades y conocimientos de otros usuarios, o regalar kudos de vez en cuando. LinkedIn también es la oportunidad para enterarse cuando es la próxima presentación de iAgua o el siguiente sarao de la agenda ambiental. Pero también para saber quién tiene intención de asistir, si me encontraré allí a alguien a quien hace tiempo que no veo, o si alguien con quien me interesaría charlar participa próximamente en algún evento al que yo pueda acudir. Por cierto ¿Cuándo es el próximo greendrinks?

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