Por favor, que nadie se confunda con el título de este artículo, y que la divina providencia tenga a bien apartar a lector de malas e indecentes interpretaciones. ¿Qué tienen que ver los festivales de música con las tiendas de campaña?, y sobre todo, ¿por qué este humilde bloguero trae a colación este singular binomio en un mismo titular?. No sé si algunos de vosotros a presenciado alguna vez cómo se abandona la zona de acampada de un festival, pero para los que nunca lo habéis presenciado, os podéis hacer la idea de montones de grupúsculos de gente que camina con andares y rostro de zombi, dejando tras de sí lo que a priori parecería un set de rodaje la serie The Walking Dead.

Residuos en el festival de Glastonbury . http://img.metro.co.uk/

Y es que, puede parecer increíble, pero en un festival con zona de acampada, en torno al 20-25% de las tiendas de campañas se dejan abandonadas, dependiendo del tamaño del festival, la cantidad de público y las condiciones meteorológicas que haya acompañado, y eso que el que hizo esta estimación confiesa haber tirado por lo bajo. Y no sólo tiendas de campaña, sino también sacos de dormir, sillas de camping, edredones, almohadas, colchonetas y demás enseres.

Pero la cosa no queda ahí, además está la ingente cantidad de toneladas de residuos del festival derivados de la intendencia festivalera: platos, botellas, vasos, latas de cerveza, servilletas, condones usados, toallitas, etc. Para que os hagais una idea, 10 grandes festivales (de esos de 100.000 asistentes cada uno), equivalen a 500.000 tiendas de campaña, lo que equivalen a 100.000 tiendas de campañas que se abandonan cada año sólo en esos 10 festivales, que a unos 4 kilogramos por tienda resultan 400 toneladas de basura que, y aquí lo más dramático, no se pueden reciclar. Eso sin contar el coste económico de todas esas tiendas, que estaría entre los 2 y 3 millones de euros tirados literalmente a la basura.

Tienda abandonada en el festival de Glastonbury. The Guardian

La causa hay que buscarla en unos hábitos de consumo orientados a buscar soluciones temporales a bajo coste, ya que una tienda de campaña que tenga la mínimo fortaleza para que aguante tres o cuatro días, se puede comprar hoy día por unos 20-30 EUR. Y es que, en esta cultura del low-cost que empapa los hábitos de consumo de este Homo sapiens subsp. neoliberalis, impera cada vez más la aplastante lógica del usar y tirar. Y la verdad es que dentro de un contexto no falta razón, pues para el bolsillo de unos jóvenes festivaleros resulta más barato gastarse 20 euros en comprar una tienda de campaña una vez que llegas al país de destino, que pagar por facturar una en el aeropuerto dos veces (una vez a la ida y otra a la vuelta). Y claro la gente no es tonta y piensa que como las tiendas va a acabar peor que un bebedero de patos cuando se acabe el festival, pues hala!, nos compramos una de las baratas y que viva Made in China!!!.

Vista aérea de las tiendas abandonadas tras un festival. Imagen: David White http://smashinglive.com/

Bueno, hasta aquí muy bien. Pero alguien se ha preguntado qué pasa con esas pobrecillas tiendas que se quedan huérfanas allá en el campo de batalla de un festival. ¿Se donan a Boy Scouts Sin Fronteras?, …, ¿se reciclan para hacer paracaídas para Paracas Sin Fronteras?, … pues no, su destino es dar volumen a Vertederos Sin Fronteras. Así nos lo explica A Greener Festival en este curioso cortometraje

Y es que en palabras de organizadores de festivales como el de Glastonbury (un festival británico de +/- 180.000 asistentes), es más pragmático e incluso más sostenible llevárselas a un vertedero que el ingente trabajo que supondría reciclarlas a todas.

Porque vamos a ver, reciclar botellas, envases y bolsas de plástico, es más factible. De hecho, festivales como el citado de Glastonbury emplea a unos 1.300 “eco-voluntarios” para recoger y separar las 200 toneladas de basura que se dejan, y los residuos del tipo botellas, cartón y plástico una vez separados sí se sabe qué hacer con ellos. ¿Pero con las tiendas?, …, ¿qué narices se hace con las tiendas?.

Lo que muchos de los festivaleros no saben es que los organizadores del festival tienen que pagar por la recogida y retirada de todos estos residuos. Siguiendo con Glastonbury, y para que os hagais una idea, sus organizadores se gastan 780.000 libras cada año para la recogida de basura, que de media suelen ser 400 toneladas de madera, 9 toneladas de vidrio, 54 toneladas de latas y botellas de plástico, 41 toneladas de cartón y 66 toneladas de chatarra, y como dato adicional de todo esto se recicla entre un 49 y un 60%. Ahí es ná!. Y esto queridos lectores, como no podría ser menos, es a su vez repercutido en el coste de la entrada, que se encarece en consecuencia. Los organizadores de festivales sólo ven una solución al problema, y es que la gente se lleve la tienda a su casa. Es más, su visión les lleva más allá, apostando por convencer a la gente para que se compre una tienda de campaña buena (de las de toda la vida) y que se las lleve a su casa. De hecho en el Reino Unido hasta hay una campaña de concienciación denominada “Love your tent” (“Ama a tu tienda”, para información de los que escogieron francés como idioma en el colegio). La campaña, organizada por el colectivo Eco Action Partnership, la podéis ver en www.loveyourtent.com y en este divertidísimo video: Simple y lógico, ama a tu tienda, ese fue el eslogan que lanzó en 2012 el Isle of Wight Music Festival en el día de SanValentín de ese mismo año.

Si sumamos el coste de comprar todas estas tiendas de campaña que se tiran y el coste de retirarlas como residuos, y lo multiplicamos por todos los festivales celebrados durante un año, nos hacemos una idea de que esa mentalidad del Made in China low-cost para usar-y-tirar que se nos ha inculcado en las últimas décadas, puede ser barato a nivel personal, pero muy caro a nivel social y sobre todo medioambiental. Esta es la reflexión que os quiero dejar para la próxima vez que compréis algo, sea una tienda para un festival o un jersey para ir a la moda este otoño-invierno.

Alberto Gómez colabora con el Instituto Superior del Medio Ambiente como docente de los cursos Gestión de Eventos Sostenibles con ISO 20121: 2012 y Sistemas de Gestión Medioambiental.