El diccionario de la RAE define Civismo como “aquel comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública”. Las pautas de comportamiento cívico deberían garantizar la convivencia de los ciudadanos, la libertad de éstos, dentro del límite del respeto a los demás, y asumir la conservación del patrimonio urbano y natural y de todos los bienes en conjunto.

Muchos de nosotros hemos sido sufridores de prácticas puramente incívicas en nuestra localidad y hemos experimentado una sensación de impotencia, desazón e incredulidad ante tales actos. En muchos casos, estos sucesos implican una pérdida de tipo económico, que como ciudadanos debemos soportar, un deterioro medioambiental, y ponen de manifiesto la existencia de una minoría de individuos incapacitados para vivir en convivencia y con respeto hacia su entorno.

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Es evidente que las personas con este tipo de comportamientos no sólo incumplen la normativa vigente, sino que también son un reflejo de la ausencia o ineficacia de las prácticas educativas, de concienciación y sensibilización llevadas a cabo.

En este contexto sería recomendable practicar un ejercicio de reflexión y plantear una serie de cuestiones tales como; ¿Qué intención oculta conduce a estas personas a ejercer conductas irrespetuosas (y en algunos casos vandálicas) con el medio ambiente urbano?; ¿Cuál es la raíz del problema?; ¿deberían endurecerse las ordenanzas municipales y establecerse regímenes disciplinarios y sancionadores más estrictos y rigurosos? ¿Es reamente necesario imponer prohibiciones? ¿No sería preferible anteponer y fomentar el civismo a la prohibición, a través de la educación?

Ante una eficaz labor de educación y concienciación ciudadana, la vía rápida de la prohibición, no tendría sentido. Sin embargo, hemos de ser realistas ante el hecho de que la educación que estamos recibiendo, sea por la causa que sea, parece no estar dando aún los frutos esperados.

Lamentablemente, continúa siendo necesario establecer límites, traducidos en prohibiciones, en tanto en cuanto no sea palpable un cambio real en las conductas de todos y cada uno de los individuos que integran nuestra sociedad.

Concluyo citando algunas de las limitaciones –prohibiciones-, establecidas en varias ordenanzas municipales sobre civismo y convivencia dentro del territorio nacional, que han despertado mi curiosidad:

Recomiendo por último echar un vistazo a la ordenanza que a este respecto se encuentre vigente en vuestra localidad. De ellas se pueden extraer conclusiones más que interesantes.

Civismo ecológico. ¿Educar y/o prohibir?, 5.0 out of 5 based on 7 ratings