Este primer post sirva de presentación, tanto mía, como de las próximas entradas que compartiré con vosotros en la comunidad.

Siempre es gratificante poder compartir reflexiones y abrir debates sobre cuestiones en los que uno está trabajando, mucho más si estos son actualidad en los medios y redes sociales, y seguro lo seguirán siendo durante los próximos años.

En este espacio quiero trasladar la concepción que tenemos desde GEOCyL sobre la nueva oleada de tecnología aplicada a las ciudades, lo que se han dado en llamar smart cities o en castellano, ciudades inteligentes.

Uno de los retos más importantes de nuestra sociedad es avanzar hacia un  modelo  de  bajas  emisiones  de  dióxido  de  carbono  y  menor  consumo energético. El papel de las ciudades en la lucha contra el cambio climático y la sostenibilidad del medio ambiente urbano es determinante teniendo en cuenta que la mitad de los contaminantes atmosféricos y gasto energético se produce en los núcleos urbanos.

Frente a este reto surgió el concepto de smart city o ciudad inteligente hace dos décadas, para tratar los problemas de sostenibilidad que surgían en las ciudades y que se centraban fundamentalmente en la eficiencia energética y en la reducción de las emisiones de carbono. Si en sus comienzos se enfocó este cambio en una la preocupación por pasar de un modelo de “ciudad difusa” o “sprawl” a una ciudad compacta, ahora se toman los nuevos avances tecnológicos como punta de lanza para la generación de un cambio en nuestras ciudades.

A comienzos del año 2013 en GEOCyL nos preguntamos cómo esta nueva corriente estaba transformando nuestras ciudades y nos lanzamos en vehículo eléctrico a conocer de primera mano lo que se estaba haciendo en treinta ciudades españolas, pertenecientes todas ellas a la incipiente Red Española de Ciudades Inteligentes. Al respecto, os invito a conocer más sobre el proyecto en www.miciudadinteligente.info

Nuevas propuestas de movilidad sostenible como la implantación de servicios de préstamos de bicicletas (Burgos, BICIBUR)

Las ciudades inteligentes tienen que superar el concepto ciudad como organización administrativa y convertirse en territorios inteligentes que vengan de la mano de determinadas características ambientales,  sociales, económicas,  culturales  donde  se  ponga  de  manifiesto  la importancia de la ciudadanía. Una ciudad puede abordarse desde ámbitos donde la  ciudadanía no tenga concurso ninguno, o bien desde un prisma de territorio urbano con una perspectiva que incluya a la población del mismo. Hay que “urbanizar las tecnologías” como manifiesta Saskia Sassen, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2013, en vez de “tecnologizar” las ciudades.

Actualmente parece que hay una corriente que pretende restar valor al concepto “Smart City”,  acusándolo de ser una moda pasajera más. No quitemos importancia a las ciudades inteligentes. Antes de criticar el concepto, dotémoslo de nuevo contenido e ideas, dotémoslos de sentido a los programas y propuestas “smart”, antes de tirarlas por el suelo. A pesar de la dificultad y desacuerdo por encontrar una definición única, van a ser financiadas, promovidas y apoyadas desde las administraciones europeas. Podemos malgastar esfuerzos en vilipendiar proyectos que no se ajustan a lo que “nosotros quisiéramos”, o podemos aprovechar la situación para generar el cambio desde dentro. Una de las críticas principales es que las grandes empresas utilizan las ciudades a su antojo, como banco de pruebas, pero también hay un espacio importante para las pequeñas empresas y emprendedores con ideas disruptivas que impulsen el territorio.

Se puede intentar hundir el barco o subirse a él y remar en la dirección correcta. Un aporte de ideas y proyectos para la mejora de nuestras ciudades.


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