Me pregunto cuántos de nosotros hemos tenido esa terrible sensación de indefensión y desconocimiento al terminar nuestros estudios universitarios. Poseemos un gran bagaje de conocimientos teóricos a nuestras espaldas, fruto de una intensa preparación y estudio pero dichos conocimientos, ¿realmente son de aplicación?

Por todos es conocida la importante labor del equipo docente de la Universidad en la formación de los estudiantes tanto en conocimientos como en valores. Sin embargo, a mi juicio, esa formación resulta incompleta cuando se omite la conexión con el mundo que se abrirá ante ellos una vez acaben sus estudios: el mercado laboral.

En este contexto, destacaría la figura del profesor asociado; profesional que compatibiliza su función docente, con una actividad laboral fuera del ámbito académico universitario. Se trata de especialistas de reconocida competencia que, sin formar parte de la plantilla permanente de la Universidad, desarrollan tareas docentes, aportando sus conocimientos y experiencia laboral al alumnado.

Los profesores asociados constituyen por tanto el nexo de unión necesario entre la enseñanza académica y la profesional que un alumno necesita para enfrentarse al mundo laboral; ofrecen una visión práctica de la materia, impartiendo la teoría por medio de ejemplos y casos reales y orientan al alumno sobre futuros nichos laborales.

El nuevo modelo docente del Espacio Europeo de Educación Superior considera claves los conocimientos teóricos y prácticos, a un mismo nivel. En este nuevo marco docente la experiencia profesional constituye si cabe, un refuerzo valioso de vital importancia. Sin embargo, en el momento actual de crisis económica, que coincide con un cambio de nuestras enseñanzas, la pérdida progresiva de estos profesores, supone un fuerte varapalo que repercutirá negativamente en la preparación del alumnado.

Ante ello, y lejos de aportar una visión catastrofista sobre el asunto, se me ocurre una solución para conservar las relaciones entre la Universidad y el ámbito empresarial que permitiría preservar esta fuente de  conocimiento y experiencia; los cursos de especialización para profesionales y estudiantes.

En la rama de Medio Ambiente, el ISM ofrece un amplio abanico de cursos de formación impartidos por profesionales especializados y con experiencia demostrada, a los que el alumno/futuro profesional podría acceder para reforzar aquellas materias en las que haya detectado lagunas o deficiencias formativas, o incluso simplemente para completar su aprendizaje.

Algo que estamos aprendiendo de esta situación de crisis internacional es que los países con sistemas educativos consolidados y con más recursos, y orientados a satisfacer las necesidades de la sociedad, sufren menos los efectos de ésta. No existe mejor forma de avanzar en un país que formando estudiantes capacitados y productivos en su trabajo. Desde luego, los recortes en educación no son la solución más inteligente si queremos construir una sociedad avanzada y con oportunidades para nuestros jóvenes.

Prescindir –como en el caso de los profesores asociados- de las personas que mejor conocen el mundo laboral, es ir en la dirección equivocada. Afortunadamente, existen instituciones como el ISM que, gracias a su labor de formación de profesionales, ofrecen esas oportunidades que los jóvenes reclaman para enfrentarse a su futuro.

El que aprende y aprende y no practica lo que aprende, es como el que ara y ara y nunca siembra. Platón”

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