Planes de gestión y medidas basadas en la evidencia para organizaciones de conservación

La biodiversidad se encuentra en una situación muy complicada, con tasas de extinción que superan de 100 a 1.000 veces a la tasa de extinción natural o de fondo dependiendo del grupo de especies a que se refiera (de Vos et al. 2014). Aunque las áreas protegidas han aumentado considerablemente desde los años ochenta del pasado siglo (UNEP-WCMC & IUCN 2016), en tiempos recientes su constitución se ha estancado, muchas sufren enormes presiones e incluso se están descatalogando por todo el planeta (Watson et al. 2016).

Por ello, las organizaciones de conservación y de protección ambiental son tan necesarias como siempre o incluso más que nunca. Sin embargo se enfrentan a numerosos desafíos, como ejemplifican la pérdida de biodiversidad o el cambio climático, y a presiones tanto de gobiernos como de empresas, así como a las exigencias y demandas de sus donantes, sus bases sociales y el conjunto de la sociedad (Brockington & Duffy 2010; Redford et al. 2018).

Para hacer frente a esto, las organizaciones conservacionistas han tenido que empezar a ser gestores de espacios naturales e incluso a ser propietarias de los mismos adquiriéndolos (Landholz & Krug 2004). Por todo el mundo se pueden encontrar espacios naturales protegidos a iniciativa de organizaciones de conservación, siendo especialmente abundantes en el mundo anglosajón desde finales del S. XX (Solton et al. 2014; Durá 2015).

El avance de enfoques como la custodia del territorio ha contribuido asimismo a este tipo de estrategias (Ruiz y Navarro 2016). Sin embargo, en los espacios naturales protegidos existe una falta de instrumentos de gestión que de forma eficaz hagan frente a las necesidades de conservación de los mismos (Alexander 2013). Por ello, han surgido iniciativas desde los propios movimientos conservacionistas para generar conocimientos e instrumentos de gestión adaptados a sus necesidades (Schwartz et al. 2017; Redford et al. 2018).

En el mismo sentido, las medidas llevadas a cabo para la gestión de los espacios naturales se han criticado en base a los resultados de conservación observados tanto a escala local como a escala regional (Rissman & Smail 2015). Detectándose en no pocos casos que la mayoría de las actuaciones se basan en suposiciones, opiniones de expertos y gestores más o menos informadas e incluso en mitos (Sutherland et al. 2004). En este contexto han surgido voces de alerta sobre la necesidad de incorporar los conocimientos científicos en la conservación de la biodiversidad (Martínez-Abraín & Oro 2012; Legge 2015; Farwing et al. 2017). Posteriormente, se han desarrollado iniciativas que pretenden reducir las limitaciones de la gestión en conservación incorporando técnicas previamente desarrolladas en la práctica médica (Sutherland et al. 2004; Sutherland et al. 2017).

En este trabajo se tratan la elaboración de planes de gestión y la incorporación de medidas basadas en la evidencia en la conservación y la protección ambiental. Se comienza abundando en la importancia de los planes de gestión para posteriormente describir de forma sencilla pero precisa los elementos imprescindibles en ellos. Asimismo, se recogen algunos consejos que ayudarán a mejorar la preparación de planes de gestión a las entidades de conservación. Por último, se finaliza enfatizando la importancia de las actuaciones basadas en la evidencia y dónde se puede encontrar información de gran utilidad sobre este tipo de medidas.

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