¿Sería posible un modelo de movilidad urbana sin ningún coche? Sinceramente pienso que no. El coche cumple unas necesidades y tiene unas ventajas que otros modos de movilidad no pueden proporcionar. Ahora bien, ¿Sería posible un modelo de movilidad urbana sin coches tal como los utilizamos ahora? Creo y estoy convencido de que así es.

Es posible vivir sin coche tal como lo hemos concebido hasta hace muy pocos años. Eso no significa demonizarlo, denostar este objeto de por sí, sino “aparcar” el modelo de movilidad en el que nos hemos educado, en el que el coche en propiedad era la única alternativa para nuestros desplazamientos y se convirtió en un icono de progreso, de prosperidad y de  independencia (que todavía es una realidad social).

Pensar en un nuevo modelo de movilidad más sostenible hace necesario contar con una nueva mirada al coche, por ejemplo, desde el régimen de tenencia y uso del mismo, abriendo las puertas a su uso de modo colaborativo y contemplando por tanto alternativas como el carsharing/car2go (coche compartido), el carpooling (viaje compartido) o servicios públicos como el taxi. También se puede mirar desde el prisma de la mejora de la eficiencia y la reducción del impacto ambiental del desplazamiento, por ejemplo aplicando técnicas de conducción eficiente, o desde el punto de vista de la innovación; los combustibles alternativos, los vehículos eléctricos, de hidrógeno o híbridos abren la puerta a desplazamientos con menores emisiones de gases de efecto invernadero y menor impacto ambiental. Si a estos modos y nuevas formas de pensar en el coche le sumamos las alternativas no motorizadas (bicicleta, desplazamiento peatonal, etc.) y el transporte público en su conjunto, sin apenas darnos cuenta, en un par de párrafos, hemos dado la vuelta al modelo y al “mix modal” de la movilidad tradicional.

Afortunadamente, las cosas van cambiando poco a poco y modos de movilidad alternativos al coche están registrando notables crecimientos en los últimos años y convirtiendo la movilidad sostenible en un modelo de negocio en auge, reduciéndose el impacto del sector en cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero. ¿Causas? Muy diversas; La necesidad de cumplir los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en los sectores difusos y de los límites establecidos por la Unión Europea, la crisis económica (que ha obligado a optimizar y reducir los desplazamientos), la innovación tecnológica (que ha mejorado la eficiencia de los vehículos), o la demanda social de una mejor calidad ambiental en las ciudades y de nuevos modos de movilidad (como la bicicleta), podrían explicar en su conjunto este cambio tendencial. Ahora bien, queda mucho por hacer.

El cambio de reparto modal en las ciudades es una necesidad. Se hace totalmente insostenible seguir habitando en ciudades planificadas y diseñadas por y para el coche, donde otros modos de movilidad, y especialmente ciclistas y peatones, tienen que hacerse un hueco donde a veces no lo hay. La contaminación atmosférica es un verdadero problema para gobiernos y ciudadanos, que conlleva enormes costes económicos y sociales, afecta a la salud de las personas y merma su calidad de vida, hasta el punto de que, anualmente, podría ser la causa de la muerte de 8 millones de personas en todo el mundo.

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Y tiene solución, aun incluso en las ciudades consolidadas. Pero, ¿qué hace falta? ¿Cómo puede lograrse un cambio realmente notable?

Si pensamos en la evolución de la movilidad en un país que es una referencia respecto al uso de la bicicleta, Holanda, nos daremos cuenta de que “tan sólo” es necesario voluntad política y un cambio de mentalidad social para modificar el modelo movilidad de las ciudades. Holanda no siempre tuvo una ejemplar red de carriles bici como la que hoy conocemos, en contra de lo que pudiéramos pensar. El país de los tulipanes registró un gran crecimiento económico tras la segunda guerra mundial,  fueron décadas (entre los años 50 y 70 del siglo pasado) en las que proliferaron los coches entre los ciudadanos, que cada vez contaban con mayor poder adquisitivo y en las que la reconstrucción y remodelación de sus ciudades favoreció la movilidad motorizada, reduciendo al mínimo el espacio dedicado a la bicicleta, bajo el paraguas del enorme mayor progreso económico de la población. Este hecho provocó que la distancia media diaria recorrida por los holandeses ascendiese desde los 3,9 km en 1957 hasta los 23,2 del año 1975, lo que derivó en un aumento exponencial de las víctimas de accidentes de tráfico, que afectó a cientos de niños. El país fue capaz de reconducir esta situación, hace poco más de tres décadas, hasta conseguir ser en la actualidad un ejemplo de movilidad ciclista, motivados por las víctimas de accidentes de tráfico y la crisis del petróleo.

Pero además de esa voluntad política, que fue valiente, Holanda vivió sobre todo un cambio de mentalidad, que fue la clave del éxito, que provocó que los ciudadanos demandaran ciudades más seguras, más amables con el ciclista y con los ciudadanos.

El hecho es que pueden ponerse en manos de los ciudadanos las mejores medidas, las infraestructuras más novedosas, los incentivos fiscales más atractivos, las iniciativas más innovadoras o los planes de movilidad urbana más sostenibles… pero si no se habilitan los medios para informar, sensibilizar, concienciar y hacer partícipe a la población, para que conozca y valore las diferentes alternativas y demanden ser parte del cambio, no serán eficientes, o al menos, todo lo que podrían serlo. La puesta en práctica de medidas para una movilidad urbana más sostenible en nuestras ciudades no puede ignorar una componente fundamental, el principal beneficiario: el ciudadano.

Bajo este contexto, tratando de contribuir a la lucha contra el cambio climático y de provocar un verdadero cambio modal en la movilidad urbana de nuestras ciudades, demostrando que el coche privado no es la única alternativa, surgió la idea de “DesAUTOxícate” un proyecto impulsado por la Asociación de Ciencias Ambientales que cuenta con el apoyo de  la Fundación Biodiversidad, del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y de Bluemove.

DesAUTOxícate pondrá a prueba a 4 personas, que durante un mes deberán  prescindir de su coche privado para moverse de forma distinta, utilizando para ello todo tipo de alternativas al uso exclusivo del vehículo privado. El proyecto seguirá de cerca la evolución del reto a través de los participantes, las impresiones, las ventajas observadas, pero también los inconvenientes encontrados por cada uno de ellos y hará protagonistas de excepción a todos los ciudadanos, del cambio de actitud que se produzca en cada uno de ellos.

Los retados, a cambio, tendrán la oportunidad de utilizar el transporte público en sus desplazamientos, de conocer todo tipo de alternativas (bicicleta pública, carsharing, etc.) y de recibir formación (conducción eficiente, conducción segura en bicicleta, etc.) y otros beneficios adicionales para superar su proceso de “desautoxicación”. Porque queremos que la sociedad demande un nuevo modelo de movilidad y aproveche las alternativas que existen al uso exclusivo del coche privado, y la mejor forma de hacerlo es a través de una experiencia real que demuestre que es posible.

DesAUTOxícate será mucho más que el reto. Diferentes vídeos, fichas y la realización de varias jornadas completarán este proyecto que se desarrolla a lo largo de todo 2015 pero cuyo efecto irá mucho más allá.

¿Te unes al reto?

http://www.iurbana.es/index.php/desautoxicate

https://youtu.be/rWaZRJcXx0M

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El reto de la movilidad sostenible: ¿Podrías vivir sin coche? #DesAUTOxícate, 5.0 out of 5 based on 2 ratings