El 20 de abril de 2010, las imágenes de la espectacular explosión y posterior colapso de la plataforma de BP “Deepwater Horizon” dieron la vuelta al mundo, desatando una catástrofe que acabaría con las vidas de once personas y liberaría al mar 4,9 millones de barriles de crudo a lo largo de tres meses.

Un año después, la economía de la zona, dependiente en gran medida de la pesca y el turismo, continúa sufriendo las consecuencias, que también han cambiado el medio ambiente del Golfo hasta límites que los científicos aún tardarán décadas en comprender.

La catástrofe resultó en una moratoria a las perforaciones petroleras en el Golfo, que se cerró el pasado octubre con la promesa del Gobierno de que la industria había aprendido la lección y de que los vagos mecanismos de regulación que contribuyeron al accidente habían sido reemplazados por otros mucho más firmes. Desde entonces, se han concedido diez permisos a compañías denominadas aptas para perforar en aguas profundas tras un estricto proceso de revisión, según la Oficina de Gestión y Regulación del Océano de EE.UU

Explosión del Deepwater horizon. Foto: US coast guard

El 80% del vertido de BP en el Golfo de México no se ha recogido

Un informe de la organización internacional Greenpeace, distribuido en todo el mundo, sostiene que durante los casi tres meses que se tardó en cerrar el pozo se derramaron más de 62.000 barriles diarios y no los cerca de mil al día que reconoció British Petroleum (BP) en sus primeros informes.

El documento cita a “científicos independientes”, como el oceanógrafo de la Universidad Estatal de Florida Ian MacDonald, cuyo cálculo utilizando imágenes por satélite concluyó que el vertido podía “ser fácilmente cuatro o cinco veces” la estimación final del gobierno estadounidense.

De la Universidad de Tulane, Michael Blum añadió que entre el 50 y el 75% del petróleo vertido “permanece en el medio ambiente” y rebatió el cálculo del “Oil Budget Calculator”, herramienta de medición utilizada por la administración estadounidense, que consideró “desaparecidas” tres cuartas partes del petróleo vertido.

La administración de Barack Obama, precisa el trabajo, indicó que el 8% se había quemado o retirado de la superficie, y el 49% se había dispersado naturalmente o por medios químicos, disuelto o evaporado.

En “Deepwater Horizon-Un año después” (http://bit.ly/hKQwrE), Greenpeace relata la “historia de un accidente anunciado”, con información recopilada en “documentos internos” sobre el vertido, desde que se registró el accidente.

Un enlace en internet gestionado por Greenpeace (http://research.polluterwatch.org) permite consultar hasta 30.000 “documentos inéditos” obtenidos gracias a las leyes de libertad de información de Estados Unidos entre los que se incluye “correspondencia interna” del Gobierno de ese país y BP.

“Ni BP ni la Guardia Costera de EEUU realizaron mediciones precisas del volumen de petróleo que salía de la tubería de elevación rota, por lo que había que inferir la importancia del vertido y permitió a la petrolera señalar que el accidente se estaba sobreestimando”. La intención de BP, sostiene Greenpeace, era “reducir el importe de las sanciones que tendría que pagar”.

Apuntan también como táctica de la empresa, prolongar los litigios ante la imposibilidad de concretar la cantidad exacta del vertido, “demorando las reparaciones a los perjudicados” o aceptar las cifras de BP, puestas en duda desde el principio por expertos independientes.

Llaman también la atención sobre la intención de la multinacional británica de minimizar el interés sobre la investigación científica de los impactos ambientales con “ingentes fondos de financiación” a proyectos de estudio “dispuestos a aceptar las condiciones de la compañía”.

Greenpeace sostiene que “es vital revelar el verdadero precio a pagar por el desastre de la Deepwater Horizon” en un momento en el que se consideran nuevos permisos de perforación en aguas profundas del Ártico a compañías como Repsol, Shell y BP.

Greenpeace-España se opone además a la aprobación de los proyectos de perforacionespropuestos en aguas profundas de la costa del Mediterráneo.

El colapso de la plataforma “Deepwater Horizon”, instalada a 60 kilómetros de la costa de Estados Unidos, provocó la muerte de once personas y afectó más de 4.800 kilómetros de costa y marismas y en alta mar, 220.000 kilómetros cuadrados se cerraron a la pesca.

Fuente: EFE

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