La Asociación de Ciencias Ambientales (ACA) ha presentado un nuevo estudio sobre la pobreza energética en España, el cuarto realizado desde 2012, que pone sobre la mesa datos actualizados sobre la incidencia de esta problemática en la ciudadanía. La presentación ha tenido lugar en el marco de la celebración del ‘I Encuentro Estatal sobre Pobreza Energética’ que se ha celebrado en la sala Triangular del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM).

El año 2016 también ha sido el primero en el que se ha podido evaluar cuántos de los hogares que se declararon incapaces de mantener su vivienda a una temperatura adecuada se vieron obligados a dejar de disponer de algunas de sus fuentes habituales de energía. De este modo se ha podido saber que el 2% de la población, cerca de 900.000 personas residentes en España, sufrió en 2016 algún tipo de desconexión de suministro energético en su hogar. Se trataría, por tanto, de un sector de población con un alto nivel de vulnerabilidad.

El nuevo estudio ha seguido la propuesta metodológica del Observatorio Europeo de la Pobreza Energética (EPOV), que propone la utilización de 4 indicadores principales, dos de ellos procedentes de los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) y dos procedentes de la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF).

En el año 2016, de acuerdo con el enfoque de percepciones y declaraciones del hogar (ECV), un total de 6,8 millones de personas, equivalente al 15% de la población residente en España, estarían sufriendo temperaturas inadecuadas en la vivienda o retraso en el pago de recibos, o ambos. De éstas, destacan los 2,8 millones de personas que declararon tener dos o más retrasos en el pago de recibos en los últimos 12 meses (el 6% de la población). Aunque las cifras se encuentran ligeramente por debajo de los máximos alcanzados en 2014, la media del país continúa estando por encima de la media de la UE en ambos indicadores, una tendencia observada por primera vez en el año 2014 pero que ha continuado en los dos siguientes años.

Ilustración 1. Porcentaje de personas que no pueden permitirse mantener su vivienda con una temperatura, con retrasos en el pago de recibos en los últimos 12 meses (España y UE28) y falta de suministro en los últimos 12 meses (España). Elaboración: ACA.

Ilustración 2. Hogares y personas (en millones) y porcentaje de personas que experimentan condiciones asociadas a la pobreza energética en España (2016) según los indicadores principales de percepciones y declaraciones del hogar. Elaboración: ACA

Ilustración 3. Representación visual del solapamiento entre indicadores ECV según número de personas afectadas. Elaboración ACA

Gasto excesivo y pobreza energética escondida
El estudio también ha utilizado otros dos indicadores, procedentes de los datos de la EPF, que permiten observar dos tipologías de situaciones analizando la relación de gastos e ingresos. Por un lado, aquellos hogares con una carga energética (porcentaje del gasto en energía sobre ingresos) mayor que el doble de la mediana del país, es decir, aquellos que realizan un sobreesfuerzo para disponer de la energía doméstica necesaria.
Pero conscientes de que la pobreza energética se muestra de formas muy diversas, este estudio suma un cuarto indicador principal para detectar hogares que pueden estar sufriendo lo que se denomina como ‘pobreza energética escondida’. No son otros que aquéllos hogares que están gastando una cantidad inusualmente baja, en concreto, aquellos que gastan menos del gasto mediano del país. De este modo en 2016 un 29% de la población del país (13,2 millones de personas) estaría en dificultades de acuerdo con alguno de los dos indicadores del enfoque de gastos e ingresos del hogar.

Ilustración 4.  Indicadores EPF principales: porcentaje de personas cuya carga energética (% de gastos en energía sobre ingresos) están por encima de dos veces la mediana de la carga energética de la serie (2M); y porcentaje de personas cuyos gastos en energía por unidad de consumo están por debajo  del 50% de la mediana anual (HEP). España, 2006-2016.

Diferentes estrategias para diferentes grados de vulnerabilidad ante un problema multifacético
La pobreza energética puede mostrarse en los hogares de formas muy diferentes y cada uno de los 4 indicadores escogidos muestra diferentes consecuencias que vive un hogar en esta situación. El análisis realizado para el año 2010, único año en el que los datos estadísticos lo permiten, arroja que 19,1 millones de personas, el 41% de la población residente en España, se encontraba padeciendo al menos una de las consecuencias asociadas a alguno de los 4 indicadores mencionados, conscientes de las múltiples formas en que se expresa y se padece la pobreza energética.
El cruce entre los diferentes indicadores permite identificar grupos con diferentes grados de vulnerabilidad frente a la pobreza energética, y por tanto que requieren diferentes soluciones. Así, el análisis indica que hasta 1,5 millones de personas en España tenían un gasto excesivo en energía y aun así se declaran incapaces de mantener su vivienda a una temperatura adecuada en invierno. El solape de estos dos indicadores estaría identificando un grupo de población en el que deberían priorizarse las medidas de mejora de la eficiencia energética de su vivienda; por el contrario, el grupo formado por aquellos hogares con bajo gasto y retrasos en los recibos, formado por 700.000 personas, dibuja un colectivo más vulnerable en el que las medidas estructurales deben acompañarse con un apoyo al pago de las facturas.

Determinados factores caracterizan a los hogares más vulnerables y se constata la desigualdad energética
Algunas características determinan grados de vulnerabilidad diferentes y permiten detectar colectivos a los que habrá que prestar especial atención. La presencia de menores en la vivienda, el bajo nivel formativo, el desempleo o la existencia de prestaciones como fuente de ingresos principal, la temporalidad de los contratos, las familias monomarentales o aquellas en las que la persona principal es viuda, son algunas de las características que muestran tasas más altas de incidencia de la pobreza energética. También influye la presencia de personas en el hogar que declaren tener mala salud o algún problema crónico, así como el régimen de tenencia, siendo más vulnerables los hogares en régimen de alquiler.
De igual modo, los diferentes niveles de renta o las diferencias entre las distintas comunidades autónomas reflejan gradientes claros de desigualdad energética entre diferentes grupos poblacionales. A pesar de la leve reducción de los indicadores principales en los últimos años, dicha mejora no ha llegado a los hogares con menos ingresos, que siguen teniendo índices de pobreza energética mucho más elevados en 2014 y 2017, con respecto a 2007.

El nuevo estudio recoge un conjunto de propuestas y recomendaciones
Finalmente, el estudio aborda una completa batería de medidas y recomendaciones que ACA propone frente a la pobreza energética, con el foco puesto en la priorización de las medidas de tipo estructural en combinación con medidas paliativas, fomentando medidas como la rehabilitación energética de los edificios, la información, formación y empoderamiento de la ciudadanía, la necesidad de mejorar las fuentes de datos para la medición o de ahondar en la relación dual que existe entre la salud y la pobreza energética.

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