¿Y si las represas, los canales de riego y las plantas de tratamiento de aguas no fueran los únicos mecanismos para gestionar el agua? El Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos de las Naciones Unidas aboga en su edición de 2018 por soluciones basadas en la naturaleza para mejorar el abastecimiento y la calidad del agua y reducir el impacto de las catástrofes naturales.

En 1986, el estado de Rajastán (India) conoció uno de los episodios de sequía más graves de su historia. En los años que siguieron a esa catástrofe, una ONG creó con ayuda de los habitantes estructuras para recolectar el agua y regenerar parte de los suelos y los bosques de la región. Como resultado, la cobertura forestal aumentó en más de 30%, el nivel de los manantiales subterráneos subió varios metros y la productividad de las tierras cultivables mejoró.

Este conjunto de medidas constituye un buen ejemplo de las soluciones basadas en la naturaleza que pone de relieve la nueva edición del Informe, titulado, “Soluciones basadas en la naturaleza para la gestión del agua”. Sus autores no consideran el agua como un elemento aislado, sino como parte integrante de un proceso natural complejo que pasa por la evaporación, las precipitaciones o la absorción del agua por los suelos. En este contexto, la cobertura vegetal, la presencia de zonas húmedas o la existencia de bosques son otros tantos elementos que influyen en el ciclo del agua y sobre los que se puede actuar para aumentar tanto la cantidad como la calidad de agua disponible.