El satélite Cryosat-2, lanzado hace dos años por la Agencia Espacial Europea (ESA) con la misión de elaborar el primer mapa fiable de la densidad del hielo en los casquetes polares, ha confirmado la existencia de grandes variaciones en el espesor de la capa helada del océano Ártico.

Las mediciones se efectuaron entre octubre del 2010 y marzo del 2011 y sirven de complemento a los datos sobre el deshielo acelerado en superficie detectado en el último medio siglo, y particularmente en la última década.

No estamos aún en condiciones de poder asegurar si las oscilaciones son estacionales o si se pueden relacionar con el cambio climático“, advirtió sin embargo Volker Liebig, director del Programa de Observación Terrestre de la ESA, durante la presentación del primer mapa del espesor del hielo del Ártico en la Royal Society de Londres.

Satélite Cryosat 2. Imagen: www.astrium.eads.net

Su misión: determinar el efecto del cambio climático

“Necesitamos los datos durante dos o tres años para averiguar si existe realmente una tendencia”, agregó Liebig. “La misión fundamental del satélite va a ser precisamente ésa: derterminar de qué manera el banco de hielo del Ártico responde al cambio climático”.

“Lo que está claro es que el Cryosat-2 se va a convertir en una herramienta imprescindible para conocer mejor esta región tremendamente sensible“, concluyó Liebig. “En esta zona se encuentran entre el 15% y el 20% de las resevas mundiales de petróleo y gas, y las presiones geopolíticas van a ser muy grandes en los próximos años”.

El Cryosat-2, similar al aparato perdido durante su lanzamiento en el 2005, orbita a 700 kilómetros sobre la superficie de la Tierra y está dotado de un altímetro que permite efectuar mediciones muy precisas del grosor de la capa flotante de hielo en el Ártico y sobre las superficies de Groenladia y la Antártida.

“El hielo en el Ártico está disminuyendo y ése es un hecho ya probado”, declaró por su parte Duncan Wingham, director ejecutivo del National Environment Research. “La misión Cryosat nos va a permitir registrar con mayor precisión la pérdida del volumen y conocer mejor la dinámica. Las mediciones en tierra y en avionetas a escasa altura no nos permitían la visión completa que ahora empezamos a tener gracias a este satélite, que podemos considerar como el ‘guardián’ del hielo”.

Fuente: www.elmundo.es

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