Nueve folios con 26 artículos, plagados de paréntesis y corchetes y de diferentes opciones de redacción para cualquier aspecto susceptible de discusión. Así es el primer borrador del nuevo acuerdo universal sobre cambio climático que debería aprobarse en París el próximo mes de diciembre. Los encargados de redactarlo han sido el argelino Ahmed Djoghlaf y el estadounidense Daniel Reifsnyder, copresidentes del Grupo de Trabajo Especial sobre la Plataforma de Durban para una Acción Reforzada -el órgano encargado de la negociación del acuerdo-.

Además del acuerdo, el paquete que han preparado contiene un borrador de la decisión que lo hará operacional a partir de 2020 (11 páginas más), así como un borrador de decisión sobre la ambición para antes de 2020 (3 páginas). Digamos que a partir de ahora todas las vías y grupos de negociación que había abiertos confluyen en un único paquete de documentos. “Esto implica que todas las Partes de la Convención de la ONU sobre Cambio Climático serán capaces de negociar el paquete de París en un solo comité de redacción”, explicó Reifsnyder cuando se les hizo el encargo de redactar este borrador.

El borrador del acuerdo es una base concisa para las negociaciones que tendrán lugar en la próxima sesión negociadora, del 19 al 23 de octubre en Bonn. “En octubre, los países continuarán con su importante trabajo, basando sus negociaciones en un borrador y unas decisiones de acompañamiento claras, consistentes, completas y coherentes. Lo tendrán listo y en forma para ser completado con éxito en París”,dijo Reifsnyder.

Por eso, el documento conserva grupos de opciones que reflejan los diferentes puntos de vista y posiciones en los que los gobiernos aún tienen que acordar zonas comunes. Algunas de esas zonas comunes -toda vez que no hay paréntesis ni corchetes-, se refieren al propósito del acuerdo. En este sentido, se reconoce que el cambio climático es una “amenaza urgente”, que necesita de “una respuesta global” con el fin de “promover la transformación global a unas sociedades y economías bajas en carbono y resilientes al cambio climático” y se reconocen “las responsabilidades comunes pero diferenciadas, a la luz de las diferentes circunstancias nacionales”.

1,5º C o 2º C, sin definir

Sin embargo, y a pesar de reconocer que “se requieren urgentemente recortes más profundos de emisiones de gases de efecto invernadero”, aún aparece entre corchetes el objetivo que la temperatura no debe superar sobre el nivel preindustrial: 1,5ºC o 2ºC. Se ofrece la opción de entre 1,5 o 2ºC y solo 2ºC. Esta cuestión supuso horas de discusión en la fallida Cumbre de Copenhague en 2009, ya que hay países, como los pequeños estados insulares, que argumentan que permitir un aumento de 2ºC les condena a desaparecer del mapa por la subida del nivel del mar.

Lo mismo ocurre en el artículo sobre mitigación. Las opciones quedan abiertas para un año X, bien sea alcanzar un pico de emisiones concreto o cero emisiones netas o reducirlas en un porcentaje X. También aquí la cuestión semántica es muy importante; no es lo mismo contribución que compromiso, ni deberá que debería… Lo que sí está claro es que las partes reconocen que se necesitan mayores esfuerzos de mitigación y menos de adaptación y se recoge la movilización de100.000 millones de dólares anuales como financiación climática a partir de 2020.

La siguiente ronda negociadora de la Convención de la ONU del Cambio Climático, que tendrá lugar en un par de semanas en Bonn, debería poder ir perfilando este acuerdo, cerrando opciones y eliminando paréntesis y corchetes para intentar llegar a la cita de París sin demasiadas sorpresas.

Fuente: ABC

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