La Comisión Europea (CE) anunció su intención de revisar la actual Directiva DWD (Drinking Water Directive), que es la normativa comunitaria relacionada con la calidad de las aguas destinadas al consumo de las personas. La actual directiva europea sobre aguas de consumo humano se revisó por última vez en 1998 y afecta todos los países de la Unión Europea. En ella se regulan aspectos muy importantes, como el abastecimiento y saneamiento del agua. Entre los objetivos de la revisión legislativa que ahora se quiere llevar a cabo, destaca la implementación de la economía circular en este ámbito y también forma parte del programa REFIT. Este último es un programa que pretende simplificar la regulación europea y los costes de su aplicación, especialmente, en pequeñas y medianas empresas.
La economía circular se basa en un mejor aprovechamiento de los recursos por parte de las empresas. En el caso del agua, se trata de buscar las fórmulas para reutilizar la potable y darle los máximos usos posibles antes de devolverla a los ríos. De esta forma, se reduciría la captación de agua, se lograrían unos ríos más caudalosos y se reducirían los costes de su potabilización. Además, también se verían reducidos los costes de su depuración, ya que, de esta forma, habría menos aguas residuales a tratar. Todo esto supone también un importante ahorro económico para las empresas y arcas públicas (si se consume menos agua, las plantas potabilizadoras y depuradoras pueden tener menos capacidad).
Precisamente, este aprovechamiento del agua es muy importante. Por un lado, destacan todos los beneficios que tiene para el medio ambiente. Si se usa menos agua, los ríos tienen más y en un país como el nuestro, con lluvias muy irregulares, se alarga el tiempo que puede estar en los pantanos y se reduce la presión sobre los acuíferos. Es la fórmula para asegurar que los ríos tengan vida y poder aguantar mejor los períodos de sequía sin necesidad de restricciones en el consumo de agua, hecho habitual en diferentes lugares del país.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que el agua es un bien público. A pesar de que su distribución, muchas veces, va a cargo de empresas privadas, que consiguen la concesión municipal, el agua no es suya. Aunque se paga un recibo del agua, lo que, en realidad, se paga son los diferentes tratamientos que este bien recibe (potabilización, depuración…) y costes de su distribución, desde que se hace la captación en pozos o ríos hasta que se devuelve a ellos. Precisamente, al tratarse de un recurso público y de todos, es muy importante velar por su buena conservación y optimizar el uso.

Fuente: Pixabay

Precisamente, para garantizar que se trata de un bien público y su derecho de acceso, ya existe una iniciativa de ciudadanos europeos (ECI) llamada Right2Water. En concreto, la propuesta insiste en que la directiva recoja las directrices de la ONU, que insisten en que se debe garantizar el acceso al agua potable y que esta sea un recurso público. Esta iniciativa ha recogido 1,8 millones de firmas (el plazo para firmar ya ha vencido) y tiene tres objetivos muy concretos (citados literalmente):

  • Por obligación, las instituciones comunitarias y los Estados miembros han de velar por el hecho de que todos los ciudadanos puedan ejercer el derecho al agua y saneamiento.
  • El abastecimiento de agua y la gestión de recursos hídricos no se han de regir por “las normas del mercado interior” y se han de excluir los servicios de agua del ámbito de la liberalización.
  • La UE tiene que redoblar esfuerzos para lograr el acceso universal al agua y saneamiento.


Ineficiencias de la directiva sobre el agua
La actual directiva europea sobre el agua, la Drinking Water Directive, presenta algunos aspectos que no funcionan. De entrada, es importante tener en cuenta el hecho de que su última revisión se realizó en 1998. Esta antigüedad hace que la normativa actualmente vigente no incorpore los últimos y principales avances científicos en este campo ni tampoco algunas presiones que han ido surgiendo durante los últimos años. Esta directiva regula numerosos aspectos sobre el agua, como, por ejemplo, el nivel de determinadas sustancias que puede contener, diferentes aspectos sobre su potabilización y la obligación de hacerlo o, por ejemplo, los materiales con los que puede estar en contacto durante el proceso de distribución. De todas formas, presenta algunos aspectos que se deben esclarecer y por los que es muy importante aprovechar esta actual revisión, para incorporarlos en la nueva normativa comunitaria y mejorar la calidad del agua para el consumo humano.
Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta es que la actual DWD no dispone de suficiente planificación preventiva de seguridad ni hace una evaluación de los riesgos potenciales. Esto hace que se ponga en riesgo la calidad del agua de los grifos. La normativa europea no clarifica de forma suficiente cómo debe realizarse la distribución del agua por la red y tampoco aprovecha el potencial de las tecnologías de la información que se han desarrollado los últimos años.
La directiva actual sobre el agua también es muy flexible sobre los diferentes productos y materiales que pueden estar en contacto con el líquido. Esta poca concreción se ha traducido en que los diferentes Estados utilicen distintos sistemas de aprobación para los productos y materiales, aunque no todos se reconocen en toda la Unión Europea. Este hecho crea unos costes económicos que serían eludibles y la industria cifra en más de medio billón de euros cada año. Esto supone un problema para la armonización del mercado interior de la Unión Europea.
Frecuentemente, se dice de la directiva del agua para el consumo humano que se trata de una normativa pensada para países con gran disponibilidad de agua, como la mayoría de los del centro y norte de Europa, con grandes lagos y unos ríos muy largos y caudalosos. La situación es muy diferente en los países del sur de Europa, con lluvias irregulares y unas cuencas de escasos kilómetros que, con mucha frecuencia, se quedan secas.

Objetivo para la nueva regulación del agua
En primer lugar, es importante actualizar el listado y los límites previstos en la DWD que ahora está vigente.
En segundo lugar, hay que incentivar la evaluación de los riesgos y establecer unos planos de seguridad en los recursos hídricos, para poder saber los riesgos de contaminación que tiene el agua potable.
En tercer lugar, para optimizar costes, en la nueva directiva DWD se deberían armonizar los estándares de los diferentes materiales y productos que están en contacto con el agua potable. Esta medida va muy en la línea de los objetivos previstos en el REFIT y serviría para mejorar la unidad del mercado interno europeo. Precisamente, es muy importante que, en este aspecto, la directiva del agua también esté coordinada con las normativas que afectan al sector de la construcción y a los productos usados en él.
La normativa europea debe contemplar que existen países con una gran disponibilidad de agua, como los del centro y norte del continente; pero también que hay una serie de países (especialmente, los del sur), ubicados en la cuenca mediterránea, con periodos de lluvia irregulares y en los que la disponibilidad de agua, muchas veces, es limitada. Por este motivo, es muy importante que la nueva directiva contemple la necesidad de optimizar el uso de este líquido.
Finalmente, con la nueva disposición sobre el agua para el consumo humano se debe incentivar el uso de las tecnologías de la información, para que, de esta forma, los consumidores también tengan acceso a la información inteligente del agua potable. Además, también se deberían reducir las fugas de agua de los sistemas de distribución, para optimizar el uso de los recursos. A su vez, con el uso de sistemas inteligentes también se podría reducir la carga administrativa asociada al uso del agua.


Las conclusiones para la nueva normativa europea
Una vez analizados los problemas y posibles soluciones para los usos del agua en la Unión Europea, es posible proponer diferentes conclusiones. Una de las más importantes es que la nueva directiva debe garantizar derechos fundamentales, como el acceso universal de todas las personas al agua potable, así como poner énfasis en que en algunos países es un bien escaso y muy importante para mantener el equilibrio del medio ambiente y de la biodiversidad. También es importante que queden muy claros los elementos que puede contener el agua y sus límites, para no poner en riesgo la salud de los consumidores. Además, la nueva normativa debe simplificar y reducir la carga administrativa, en especial, para el uso del agua en las empresas y garantizar su competitividad.
También es importante que la nueva directiva deje claro cómo se debe depurar el agua, para garantizar un retorno del recurso al medio ambiente totalmente inocuo para la vida vegetal y animal. Todo esto significa que, si se hace un buen uso del agua y la cuidamos, también se cuidan la vida y la naturaleza.
Fuente: Gestoresderesiduos

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