Se podrían paliar efectos del cambio climático antropogénico que afecta a los ecosistemas y a la distribución de la biodiversidad, que influye en el 80% de los procesos biológicos.

La sugerencia del equipo del CSIC apunta que modificar la base de las torres eléctricas facilitaría potencialmente la conexión de poblaciones

tendido electrico

Las bases de las torres de transporte de electricidad podrían convertirse en reservas de biodiversidad y corredores para evitar su fragmentación y reconectarla, según un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) realizado con apoyo de Red Eléctrica Española (REE).

El estudio, Transporting Biodiversity Using Transmission Power Lines as Stepping-Stones, realizado por el equipo de la Estación Biológica de Doñana (EBD) del CSIC, destaca el enorme potencial de la red de líneas de transporte eléctrico si se adecuan como corredores ecológicos para la pequeña fauna modificando la base de las torres de alta tensión. De este modo, se podrían paliar efectos del cambio climático antropogénico que afecta a los sistemas ecológicos y a la distribución de la biodiversidad y que ya influye en el 80% de los procesos biológicos.

El equipo, liderado por el investigador principal Miguel Ferrer, ha hecho un experimento, señala que la fragmentación del paisaje compromete la capacidad de dispersión limitada de especies.

Ferrer explica que la gestión del hábitat dentro de la base de los apoyos de las líneas de transporte de energía eléctrica (con una superficie de 100 m2 en los que se habilitó refugio y se plantaron arbustos nativos) permitió aumentar la riqueza local de las especies, y pudimos aumentar la densidad y diversidad de varias especies de invertebrados y pequeños mamíferos, así como el número de aves y especies de aves, aumentando la biodiversidad local.

Por ello, la sugerencia del equipo del CSIC apunta que modificar la base de las torres eléctricas facilitaría potencialmente la conexión de poblaciones.

Redes de conectividad a escala continental

Ferrer destaca que la idea sería “fácilmente aplicable” en cualquier red de líneas de transporte “en cualquier lugar del mundo”, por lo que se podría “por primera vez” construir redes de conectividad a escala continental.

El trabajo, por la revista Diversity y financiado por Red Eléctrica de España, ha sido elaborado por el equipo del CSIC formado por el investigador Miguel Ferrer y las investigadoras Manuela De Lucas y Elena Hinojosa, así como por la Unidad de Investigación Cooperativa de Pesca y Vida Silvestre de Oregón del Departamento de Pesca y Vida Silvestre, de la Universidad Estatal de Oregón, Corvallis (con Virginia Morandini).

“Construir entornos conectados que permitan a las especies seguir el ritmo de cambios en el clima, disminuyendo el riesgo de extinción para muchos de ellos, es la sugerencia más repetida para adaptar nuestras estrategias de conservación”, asegura el estudio.

Para Ferrer, el sistema mejoraría la conectividad mediante la provisión de una red de hábitat corredores o parches de trampolín que es “un concepto clave” en la biología de la conservación y el paisaje.

Por su parte, el director de Sostenibilidad de Red Eléctrica, Antonio Calvo, ha manifestado que “convertir las líneas eléctricas en corredores de biodiversidad es una oportunidad para combatir la fragmentación de hábitats, uno de los problemas ecológicos contemporáneos con consecuencias sobre todas las especies”.

Poner las infraestructuras al servicio de la biodiversidad

Calvo añade que el trabajo alienta a poner las infraestructuras al servicio de la biodiversidad, lo que contribuirá a alcanzar el objetivo 2030 de REE para tener un impacto ambiental positivo en el entorno de sus instalaciones.
El artículo explica que la transmisión segura de energía eléctrica requiere de un gran número de líneas interconectadas, que facilitan el transporte de la energía desde los puntos de generación a los de consumo. Así, la red de transporte, formada por líneas y subestaciones, y torres de transmisión está conectada y cruza “casi todo el territorio” en países desarrollados.

“Normalmente, estos apoyos se colocan a una distancia de unos 200-400 metros entre sí y con un base de 10 por 10 m (100 m2) en promedio. Hoy en día, Europa tiene red de transmisión de casi 500.000 kilómetros
aproximadamente de líneas aéreas y Estados Unidos alrededor de 1.254.000 kilómetros, lo que significa 2,5 millones y 1,27 millones de apoyos, respectivamente. Consecuentemente, tenemos una gran superficie bajo las torres que podemos utilizar potencialmente para conectar poblaciones de especies con una capacidad de dispersión limitada en paisajes fragmentados”, concluye Miguel Ferrer.

15% de las torres eléctricas están dentro de la Red Natura 2000

La publicación precisa que solo en España la red cubre 44.000 kilómetros y que el 15% de las torres eléctricas están dentro de la Red Natura 2000 de la UE, lo que prácticamente conecta todos los espacios naturales protegidos de la Península Ibérica.

Entre las iniciativas realizadas en el marco del estudio, desarrollado en 27 kilómetros de la red eléctrica en Andalucía, incluyeron refugios para pequeños mamíferos e invertebrados, con piedras medianas a grandes, y dentro de la base de estas torres seleccionadas plantaron plántulas de arbusto nativo y realizaron un seguimiento en esos puntos.

En los cuatro años que ha durado el estudio atraparon pequeños mamíferos, artrópodos y observaron aves en torres modificadas y de control, en dos líneas eléctricas que cruzan cultivos de cereales secos, barrera para la dispersión de varias especies.

En total, durante este periodo se capturaron 163 micromamíferos pertenecientes a cuatro especies y 313 invertebrados de ocho órdenes diferentes. En concreto, según la publicación, las modificaciones implantadas en la base de las torres repercutieron significativamente para hallar un número de individuos de pequeños mamíferos 10 veces mayor en las bases de las torres modificadas que en otros sitios de control.

Así, se encontraron 7,5 veces más interacciones de aves en las torres modificadas que las que no lo estaban y se pusieron como torres de control. Ferrer concluye que el experimento mostró que al modificar la base de las torres pudieron aumentar la densidad y diversidad de varias especies de invertebrados y pequeños mamíferos y, probablemente como respuesta a eso, especies y números de aves.

Fuente: ecoavant

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