Desde hace tiempo tengo la certeza carnal de que la información “ambiental” que necesitamos explotar diariamente en nuestro desempeño profesional (o personal), resulta – por su volumen y abundancia – del todo inabarcable para los que gustan de tener un conocimiento “total” de la materia.

La consolidación imparable y abrumadora de internet como herramienta fundamental de comunicación, ha convertido el desarrollo de cualquier estudio ambiental en un auténtico trabajo de identificación, desagregación y análisis de cantidades ingentes de legislación, guías técnicas, estudios previos y otra documentación relacionada que la red pone a nuestra disposición al alcance de solamente un par de clicks.

En un país en el que los tres niveles jerárquicos fundamentales (administración central, autonómica y local) cuentan con relevantes competencias en materia ambiental, y con un concepto tan amplio como el de “medio ambiente” sobre el que trabajar, a veces resulta más importante identificar la fuente oficial (y responsable) de la información, que encontrar una referencia o dato que nos ayude a dar forma a nuestro trabajo sin el beneplácito de la administración competente.

Ante esta realidad – extensible a todos aquellos Estados que reparten responsabilidades y competencias ambientales entre sus diferentes administraciones y organismos – los expertos en medio ambiente desarrollan cada vez más su faceta de especialistas en “saber dónde buscar y encontrar”, y la revisión periódica de las fuentes oficiales de información se convierte en un trabajo asiduo e imprescindible que requiere tiempo y dedicación.

Visualizador cartográfico del IDEE.

Dentro de toda esta vorágine de datos y plataformas que se actualizan y crecen casi a diario, se agradece especialmente la presencia paternal de esos portales que actúan de faro porque son capaces de integrar, actualizar y ofrecer información que de forma desagregada nos resultaría muy difícil de rastrear y aprovechar, y que nos permiten así mantener cierta sensación de cordura y control.

Cuando hablamos de información geográfica, todas estas consideraciones alcanzan una proporción aun más compleja y voluminosa, porque lo que se busca con ella es describir todo nuestro mundo, y su forma varía según los ojos que lo analizan. Por todo ello, y a pesar de la abundancia actual de recursos digitales, no siempre resulta sencillo para los que trasteamos con Sistemas de Información Geográfica el encontrar la cartografía o referencia más adecuada para una zona objeto de estudio. Por eso es muy bonito poder contar con fuentes de información como el centro de descargas del CNIG, que te permite hacer uso de una cartografía base de referencia muy importante para todo el territorio nacional (información de la que hace unos años sólo disfrutaban unos pocos privilegiados), o el directorio de servicios del IDEE, que realiza una recopilación muy útil de los principales servicios web geográficos disponibles en España.

Entre los organismos autonómicos, el ICC catalán, la plataforma Geoeuskadi o la Red de información ambiental de Andalucía, conforman tres fuentes maravillosas de información para los que gustan de referencias de calidad y piensan que un servicio WMS o un archivo con extensión pdf no siempre permiten un análisis preciso y eficaz de la información.

Con todo esto – y a pesar de las diferencias (abismales) que todavía se registran entre algunas de las comunidades autónomas en materia de información geográfica – sólo nos queda aprender a hacer un buen uso de toda la información disponible, a compartirla y difundirla (perdón por todos los demás portales, organismos y creadores desinteresados de relevancia omitidos), y a pedir a las administraciones más remolonas que se pongan al día en materia de difusión de información ambiental.

Se dice pronto, ¿verdad?

Daniel Fernández Lago, Ambientólogo y Docente en el curso Especialista en GIS aplicado a la Gestión Ambiental

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