Yo estoy en contra del fracking y por varias razones. No tiene que ver con los químicos utilizados en el fluido de extracción, nada de quimiofobia, las sustancias utilizadas son conocidas y se sabe como controlarlas (dosis máximas, tratamientos ante intoxicación…).

Tampoco tiene que ver con los microseísmos, a día de hoy lo único que se sabe al respecto es que en el alguno congreso de sismología hubo quien afirmó tener indicios que podrían relacionar la factura hidráulica y dichos microseísmos nada más.

En lo tocante a los residuos independientemente de su manejo uno de las cosas que más me llama la atención es que el fluido de retorno (el principal y más tóxico de los residuos del fracking) puede ser de entre un 40% y un 80% del fluido inyectado. Y no hay manera de saber exactamente la cantidad. Mal vamos a planificar las cosas si manejamos semejantes márgenes.

En cuanto al inmenso consumo de agua, que quieren que les diga, lo que les falta a los acuíferos de este país es una sobreexplotación como esta.

Añadamos que buscar las migajas de gas en lugar de apostar por un modelo energético diferente es cuanto menos poco estratégico o poco previsor.

Embalse del Ebro. Foto: Rubén García Colsa

Pero hay un factor que no se suele mencionar mucho y es del que quiero hablar hoy aquí. Intentaré explicarme con tranquilidad porque es una cuestión que resulta bastante ofensiva.
Vivo en el sur de Cantabria por lo que el norte de Palencia y Burgos es para mi como estar en casa y ¿qué hay en esas zonas? Pues a decir de las empresas de fracking no hay nada, afirmación que entre risas y codazos yo mismo he escuchado de algunos funcionarios.

Pero como cualquiera que se haya acercado por estos lares sabe, aquí hay mucho. Hay un paisaje fruto de la ocupación y uso del ser humano y de su reconquista por la naturaleza y de la vuelta del ser humano y así una y otra vez. Muchos de estos lugares son de difícil acceso y los oso se pasean junto a cabañas de pastores y tiene uno la sensación de que si se sube al campanario de una iglesia románica, de esas que tiene muros de casi medio metro de grosor, podría ver una manda de lobos corriendo libres.

Y todo eso bien gestionado nos trae la conservación de un patrimonio natural y cultural de primer orden que abre la puerta a la producción de manera sostenible de alimentos de primera calidad, a un turismo rentable diferente e inteligente, a nuevas maneras de generar una economía que no necesita arrasar para generar beneficios. En definitiva una opción de futuro sensata, duradera y constructiva.

Si estas comarcas se llenan de pozos de extracción de fracking ¿quién vendrá de turismo a estas zonas? ¿?qué valor añadido tendrán los alimentos que se produzcan aquí? ¿cuál será el atractivo para que venga gente a instalarse y para evitar el éxodo de la población?

Y no, el fracking no genera empleo. Algunos puestos durante la instalación de los pozos y luego se acabó, mano de obra especializada y escasa. Como herencia un territorio taladrado y etiquetado como zona de fracking.

En cuanto a temas de subvenciones y compensaciones económicas lo siento pero me niego por muy altas que sean. Han pasado suficientes años para ver lo que a ocurrido en otras ocasiones en las que, salvo honrosas excepciones, ese dinero caído del cielo sólo ha servido para generar absentismo y clientelismo pero no desarrollo.
Se siguen usando estos territorio como el patio trasero donde instalar embalses, eólicos y pozos mientras el autoconsumo es bloqueado sistemáticamente por intereses empresariales.

PD: al participar en la plataforma con el fracking de Cantabria he asistido a reuniones con alcaldes en cuyos municipios estaban concedidos permisos de prueba y la respuesta de los ediles es que nadie se lo había dicho y que nosotros eramos los primeros en informarles.

Para más información: www.fracturahidraulicano.info

La otra parte del fracking, 5.0 out of 5 based on 4 ratings