Un equipo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) acaba de determinar que la media de tiempo que lleva a la ciencia describir y nombrar una nueva especie de anfibio supera la década. Tras analizar el proceso de descubrimiento de 900 especies de ranas descritas entre 2000 y 2023 en cuatro regiones tropicales hiperdiversas, han determinado que la media de tiempo que transcurre desde que una nueva especie se encuentra en el campo hasta que se nombra y se da a conocer a la comunidad científica es de 11,3 años. El proceso se completó en los primeros 7.3 años en la mitad de las ranas analizadas. La principal consecuencia de esta demora es que las especies, al no estar nombradas, no entran en los listados de cada país y quedan excluidas de las evaluaciones de riesgo; es decir, carecen de protección bajo las leyes de conservación actuales. Y es que, para poder conservar una especie y prevenir su extinción, el primer paso es reconocer su existencia, lo que implica que la taxonomía —la ciencia que describe a los seres vivos— la describa y la nombre formalmente.

Según la investigación, publicada en la revista PLOSOne, el 36% de las especies analizadas fueron nombradas durante los 5 años siguientes a su descubrimiento, mientras que el 64% restante requirió muchos más años, en algún caso hasta 124. Esto indica que una parte importante de las descripciones se basa en especímenes colectados recientemente y que las expediciones, el trabajo de campo y las colectas siguen siendo imprescindibles para catalogar la vida del planeta. Por otro lado, las descripciones que se demoran más en el tiempo suelen corresponder a ejemplares que ya fueron almacenados en las colecciones de historia natural, lo que revela un problema grave de falta de actividad científica sobre las mismas y, al mismo tiempo, pone de manifiesto el papel fundamental de las colecciones biológicas como reservorios de especies aún por describir.

Nombrar, el primer paso para conservar

La pérdida de biodiversidad es el mayor problema ambiental al que debemos hacer frente. La actividad del ser humano está diezmando las especies y los ecosistemas que las sostienen a un ritmo alarmante, poniendo en peligro nuestra propia supervivencia a largo plazo. Al mismo tiempo, gran parte de la diversidad del planeta todavía no ha sido descubierta ni descrita, lo que implica que numerosas especies están desapareciendo incluso antes de haber sido documentadas. “Los anfibios ejemplifican muy bien esta problemática, ya que son el grupo de vertebrados más amenazado del planeta. Actualmente se conocen cerca de 9000 especies de anfibios en el mundo, pero el hecho de que cada año se describan alrededor de 150 especies nuevas y se detecten decenas de especies candidatas sugiere que hemos infraestimado—y por mucho—el número de especies que realmente existen”, explica Albert Carné, investigador del MNCN.

Las especies constituyen los bloques básicos que sustentan la mayoría de disciplinas biológicas. La taxonomía, encargada de describir y nombrar a las especies, es la ciencia en la que se basa nuestro conocimiento de la biodiversidad. “Lamentablemente, la taxonomía no pasa por un buen momento. Los profesionales de esta disciplina son cada vez menos y no se está dando un relevo generacional. Además, es una de las disciplinas científicas con menos recursos”, se lamenta el investigador del MNCN Ignacio De la Riva. “La ciencia actual parece no dar cabida a la taxonomía, penalizándola con métricas científicas que sólo priorizan el impacto de las publicaciones”, continúa.

Las especies, por sí mismas, son un elemento de presión para la conservación: nadie quiere perder la biodiversidad de una región en la que se sabe que habitan miles de especies y, por ello es vital reducir los tiempos de descripción. “Si queremos preservar a las especies y a los ecosistemas que nos permiten vivir en este planeta, es importante reforzar la investigación taxonómica. Tenemos el deber moral de conocer qué especies habitaban este planeta antes que nosotros y, para ello continuar explorando, revisar el material existente, y delimitar y describir a las especies es fundamental, concluye Carné.

Fuente: MNCN