Medir la biodiversidad es una herramienta clave para planificar ciudades más sostenibles, con más espacios verdes y mejor calidad de vida, además de ayudar a anticipar riesgos ambientales como la disminución de especies polinizadoras. Comprender la biodiversidad no es únicamente un ejercicio científico: es una forma de apostar por el bienestar colectivo, la salud pública y un futuro más equilibrado para las personas y su entorno.
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