Un estudio destaca el potencial de la reutilización de aguas residuales tratadas frente a los modelos lineales tradicionales de gestión urbana.

La adopción de sistemas circulares de gestión del agua en entornos urbanos podría reducir de forma significativa la extracción de recursos hídricos, con descensos de hasta el 60% respecto a los modelos actuales. Así lo señala un estudio reciente que analiza el potencial de distintas medidas para mejorar la eficiencia en el uso del agua en ciudades, en un contexto marcado por la creciente escasez hídrica en Europa.
Actualmente, alrededor del 40% de la población de la Unión Europea se ve afectada por problemas de escasez de agua, lo que refuerza la necesidad de avanzar hacia modelos más eficientes y sostenibles. En este sentido, la futura Estrategia de Resiliencia Hídrica 2025 impulsa un enfoque circular en la gestión del recurso, complementando el marco establecido por la Directiva Marco del Agua.
El estudio, publicado en Environmental Research Letters, pone el foco en el funcionamiento habitual de los sistemas urbanos, basados mayoritariamente en esquemas lineales o de “flujo abierto”. En estos modelos, el agua se capta de fuentes naturales, se distribuye a los usuarios, se recoge como aguas residuales, se trata y finalmente se vierte de nuevo al medio sin reutilización significativa.
Para evaluar alternativas, los investigadores desarrollaron un modelo de simulación basado en una ciudad hipotética de un país de renta alta. El análisis comparó este sistema convencional con distintas configuraciones circulares que incorporan medidas como la reducción de fugas, la disminución del consumo doméstico y la reutilización de aguas residuales tratadas, tanto para usos potables como no potables.
Entre los resultados más relevantes, el estudio concluye que la combinación de tres intervenciones —reducir las fugas del 30% al 10%, disminuir el consumo doméstico de 200 a 130 litros por habitante y día, y reutilizar hasta el 60% del agua tratada— permite alcanzar reducciones de hasta el 60% en la captación de agua dulce. Además, estos sistemas podrían resultar más económicos a largo plazo, pese a las inversiones iniciales en infraestructuras y mejoras operativas.
El análisis subraya que la reutilización de aguas residuales tratadas tiene un impacto significativamente mayor que las medidas centradas exclusivamente en la reducción de la demanda o de las pérdidas. Este enfoque permite transformar el sistema en un circuito cerrado, en el que parte del agua permanece dentro del ciclo urbano en lugar de ser vertida.
El estudio también evalúa el papel de la desalación como complemento. La incorporación de una planta desalinizadora podría elevar la reducción total de extracción hasta el 74%, aunque con un ligero incremento de costes y con impactos ambientales asociados, como un alto consumo energético y la generación de salmueras.
No obstante, los autores advierten de que la implementación de estas soluciones presenta desafíos, entre ellos la falta de datos detallados sobre pérdidas en las redes y la necesidad de trasladar parte de los costes a los usuarios. En este sentido, destacan la importancia de campañas de concienciación para fomentar el ahorro y explicar la necesidad de adaptar los modelos de consumo.
En conjunto, el estudio refuerza el papel de la economía circular en la gestión del agua urbana y subraya la relevancia de integrar la reutilización de aguas residuales como eje clave para garantizar la sostenibilidad hídrica a largo plazo.
Fuente: Residuos Profesional

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