El arroz es, junto con el maíz y el trigo, uno de los pilares de la alimentación mundial. Solo en España se produjeron 338.000 toneladas de arroz en 2023, según los últimos datos disponibles del Anuario de Estadística del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Este cultivo, que ocupa una superficie de 55.000 hectáreas (equivalente a una cuarta parte de la provincia de Gipuzkoa), es una parte esencial de la economía en regiones como Tarragona. Sin embargo, esta actividad agrícola debe encontrar un difícil equilibrio con la realidad ambiental de los territorios en los que se desarrolla.

El IDAEA-CSIC investiga los niveles de contaminantes en animales como las aves. / Silvia Lacorte. Fuente de la noticia: CSIC

El trabajo del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), un centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), busca garantizar la sostenibilidad en la producción de arroz, y evitar así que los compuestos químicos utilizados en la agricultura amenacen la supervivencia de ecosistemas protegidos. Por ejemplo, la Albufera de València recibe cada año hasta 1,5 toneladas de plaguicidas procedentes de los arrozales de su entorno, mientras que en los sedimentos del Delta del Ebro se han detectado 24 tipos de compuestos diferentes.

Los datos recogidos por investigadoras del IDAEA-CSIC muestran un impacto medioambiental sostenido en el tiempo. En 2010, encontraron altos niveles de contaminantes de origen industrial y plaguicidas en el Delta del Ebro. Posteriormente, en 2017, detectaron hasta 35 plaguicidas distintos en la zona, de los cuales 17 ya estaban prohibidos y la mayoría estaban relacionados con el cultivo del arroz. Sus hallazgos destacan la necesidad de desarrollar estrategias que permitan hacer más sostenible la producción de este cereal estratégico sin comprometer la salud de nuestros espacios naturales.

Murciélagos para evaluar el impacto de plaguicidas

Para analizar el estado actual del Delta, la ecotoxicóloga Ana Lopez Antia lidera un grupo del IDAEA-CSIC que investiga el posible efecto de los plaguicidas que usan los arroceros en el conjunto del ecosistema. «Cuando se autoriza un producto plaguicida en la Unión Europea, se evalúa que no tenga efectos negativos sobre algunos taxones determinados, como aves y organismos acuáticos. El problema es que tampoco se evalúa cómo afectan al ecosistema de forma global, solo en esas especies concretas, sin tener en cuenta las interacciones que existen entre ellas. Además, un plaguicida no se usa independientemente, sino que se aplica junto con otros, por lo que los animales no están expuestos a una sola sustancia, sino a una mezcla de varios productos cuyo efecto no se analiza en conjunto», indica Lopez Antia.

Gracias al proyecto europeo Syberac, el grupo de la ecotoxicóloga busca acabar con estos puntos ciegos al indagar de forma integral en los riesgos de los productos químicos que se acumulan y mezclan, una vez liberados en el ecosistema. Este proyecto pretende entender el flujo de contaminantes entre medios terrestres y acuáticos y sus efectos sobre el ecosistema usando los murciélagos del Delta del Ebro y su red trófica como modelo, aunque también tiene en cuenta las implicaciones para las aves e invertebrados.

El objetivo de Syberac es mejorar el modo en que se evalúan y predicen los efectos de los plaguicidas para evitar que suceda algo similar a lo ocurrido con los neonicotinoides, una familia de insecticidas con efectos nocivos sobre los insectos beneficiosos que se alimentan de néctar y polen y sobre las abejas que producen miel. En 2018, la Unión Europea acabó prohibiendo el uso al aire libre de tres neonicotinoides por sus daños a los insectos polinizadores. «Los neonicotinoides llegaron a ser los insecticidas más usados a nivel mundial durante diez años», explica López Antía. Además, desde el IDAEA-CSIC están trabajando de la mano de los arroceros para encontrar el equilibrio entre productividad y conservación.

Aunque la Unión Europea dispone de guías para evaluar los riesgos de los plaguicidas en diversos cultivos, el arroz queda fuera de este marco. Su exclusión se debe a que “es un cultivo muy diferente, ya que se produce en condiciones de inundación”, aclara la experta. Hay un gran vacío de conocimiento sobre cómo valorar los riesgos de plaguicidas en arrozales, especialmente para aves y mamíferos. Lo mismo ocurre con los murciélagos. «Hasta ahora siempre se han usado a las musarañas como modelo de referencia para estudiar el impacto en los murciélagos a nivel europeo, pero estos animales son totalmente diferentes», señala la ecotoxicóloga.

Entre estas diferencias fundamentales destacan su capacidad de vuelo y una demanda energética distinta. Además, la mayoría de las especies de murciélagos solo tienen una cría al año y se cree que pueden absorber altas dosis de sustancias tóxicas a través de sus alas, cuya piel es extremadamente fina y está muy irrigada. «Investigamos el arroz y los murciélagos porque es evidente que hay un vacío de conocimiento y el proyecto puede ayudar a evaluar los riesgos», indica López Antía.

Flamencos, gaviotas y contaminantes en el Ebro

Una de las aves acuáticas que anidan en el Delta del Ebro son los coloridos flamencos. En su refugio natural, estos pájaros están expuestos a los residuos tóxicos procedentes de la actividad humana: la agricultura intensiva, la industria y el turismo. Una investigación liderada por Maria Dulsat Masvidal y Silvia Lacorte, del IDAEA-CSIC, detectó que la sangre de los polluelos de flamencos en el Ebro contenían altos niveles de sustancias perfluroalquiladas (PFAS, por sus siglas en inglés), una familia de productos químicos sintéticos utilizados en la industria y en productos de consumo. Se conocen como ‘químicos eternos’ por su elevada persistencia en el medio ambiente.

Estos residuos se acumulan en los organismos y se biomagnifican a lo largo de las cadenas tróficas. Las aves pueden estar expuestas a los PFAS a través de la dieta, y pueden transferir estos compuestos a sus crías, a través de los huevos, durante la puesta. “En los flamencos del Delta del Ebro, los niveles de PFOA, un tipo de PFAS, son similares a los que viven junto a una fábrica de productos químicos industriales de una multinacional” donde se producen estas sustancias, indica Lacorte. Su equipo está analizando los PFAS presentes en los plaguicidas para dilucidar el origen de estas sustancias detectadas en la sangre de los polluelos de los flamencos, que por su elevada concentración no puede venir solo por la transferencia materna, sino por la dieta, señala la científica.

También detectaron en la sangre de las aves del Delta hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), contaminantes orgánicos fruto de la combustión incompleta de la materia orgánica, que podrían provenir de vehículos a motor utilizados en la agricultura o la quema de biomasa. Además, se han detectado trazas de los insecticidas organoclorados ya prohibidos, como el DDT, lo que indica una exposición histórica y no un uso actual del producto. Sin embargo, las investigadoras no descubrieron la presencia de plaguicidas utilizados en la actualidad en la sangre de las aves, lo que podría significar que no están expuestas a estas sustancias o que su cuerpo las elimina. “Es mucho más probable que los metabolicen rápidamente, pero eso no significa que no tengan efectos”, indica Ana López, investigadora que no participó en el estudio.

Las gaviotas son otro animal analizado por el IDAEA, ya que son buenos indicadores del nivel de contaminación de un hábitat al ser aves residentes, es decir, no migran y ponen huevos en la misma zona. El equipo de Silvia Lacorte realiza el seguimiento anual de contaminantes orgánicos persistentes según el Convenio de Estocolmo en huevos de gaviota desde 2009. Analizan dos especies: la gaviota patiamarilla (Larus michahellis), que se alimenta de muchas fuentes y acude a vertederos, y la gaviota de Audouin (Larus audouinii), cuya dieta es piscívora, solo comen peces. El resultado mostró que los huevos de la gaviota de Audouin tienen un mayor nivel de contaminantes que los de su congénere patiamarilla. De nuevo, destacaron las altas concentraciones de PFAS detectadas en los huevos de gaviota.

Para evaluar la fuente de contaminación de los PFAS en gaviotas, se contactó con los pescadores locales y se analizó su presencia en sardinas y anchoas de la zona. Se generó un modelo para evaluar la acumulación y transferencia materna de PFAS de la sangre de los adultos a los huevos. Las concentraciones estimadas en base a la dieta encajaban con los niveles acumulados en los huevos. “La gaviota patiamarilla tiene concentraciones más bajas de contaminantes que las que se alimentan de peces, ya que un vertedero representa una dieta mucho más variada en comparación a una dieta piscívora”, indica Lacorte.

La fuente de los PFAS detectados en aves del Delta del Ebro es desconocida. Los equipos del IDAEA están analizando las aguas, suelos y sedimentos para dilucidar su origen. Un vacío de conocimiento en el entorno de este espacio natural, de gran importancia económica, que las científicas están intentando llenar para iluminar las múltiples causas detrás del declive de las aves en Europa.


Contenido realizado por Fermín Grodira, dentro del Programa de Ayudas CSIC – Fundación BBVA de Comunicación Científica, Convocatoria 2024 

Fuente: CSIC