Investigadores de la Universidad de Alcalá de Henares han cuantificado en un estudio las emisiones de Gases de Efecto Invernadero o huella de carbono que genera la fabricación de alimentos de amplio consumo en España.

Los resultados del informe ‘Cálculo y etiquetado de huella de carbono en productos alimentarios’ serán presentados este viernes por el profesor Emilio Chuvieco, director de la Cátedra de Ética Ambiental Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH).

El documento recoge los principales resultados de un proyecto piloto en el que han participado también expertos en marketing de la Universidad Pontificia de Comillas-ICADE, empresas productoras de los alimentos analizados, una consultora especializada, además de Carrefour y Mercadona, según ha señalado la Cátedra de la UAH en un comunicado.

El objetivo principal del proyecto ha sido calcular la huella de carbono de alimentos de amplio consumo en España, analizar la viabilidad de un posible etiquetado de huella de carbono de los mismos y estudiar la reacción de los consumidores.

“Cada cosa que compramos, cada alimento que comemos o cada decisión sobre la forma de transportarlos tiene un impacto sobre el balance global de emisiones de gases de efecto invernadero, ya que cualquiera de estas actividades ha requerido para su cultivo, fabricación, transporte y eventual reciclado una determinada cantidad de energía y materias primas”, señala Chuvieco.

La huella de carbono es un indicador ambiental que permite cuantificar numéricamente las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que genera la fabricación de un producto, la prestación de un servicio o incluso el conjunto de actividades de una organización.

En definitiva y de modo simplificando, su impacto sobre el cambio climático.

“Se observa además que el impacto del tipo de envasado influye mucho en el total de emisiones del producto”, dice Chuvieco, que pone como ejemplo la huella de carbono que implica el envasado en vidrio, un “66,6% superior al envasado en lata”.

En los últimos años, la Unión Europea ha dado pasos para evaluar la posibilidad de establecer normativas relacionadas con el cálculo, verificación y comunicación al consumidor de este tipo de indicadores.

En nuestro país, se ha avanzado “notablemente” en el inventario de emisiones de Gases de Efecto Invernadero de organizaciones, el registro de los resultados e incluso la compensación de estas emisiones.

No ha ocurrido lo mismo con el cálculo y comunicación de la huella de carbono de los productos a la venta, como los alimentos, que parece entrañar una complejidad mayor.

Sin embargo, la huella de carbono como indicador ofrece grandes posibilidades para concienciar al consumidor del impacto que sobre el cambio climático tiene la alimentación, como recuerdan desde la UAH. EFE

Fuente: La Vanguardia

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