La Fundación Banco Santander y la Fundación Naturaleza y Hombre (FNyH) ha anunciado un proyecto conjunto para recuperar más de 50.000 hectáreas de bosque atlántico en la montaña cántabro-burgalesa. El objetivo es implantar un “modelo sostenible de gestión silvopastoral” que detenga la erosión que afecta a este ecosistema “en peligro” como consecuencia de los incendios y la deforestación.

Esta iniciativa, que ha sido presentada en el Ecomuseo-Fluviarium de la Fundación Naturaleza y Hombre en Liérganes (Cantabria), arrancó en 1999 y ha recibido ahora el apoyo “logístico y económico” por parte de la Fundación Banco Santander, que ha invertido unos 100.000 euros en el proyecto, según ha indicado el presidente de la FNyH, Carlos Sánchez.

Imagen. FNyH

Durante su intervención, Sánchez ha explicado que, desde 1999, han sido ya plantados con éxito entre 70.000 y 80.000 árboles, con lo que han sido repobladas unas 12 hectáreas. Se trata de especies arbóreas como roble, haya, fresno, tilo o abedul, cuyas semillas proceden de viveros locales como el de El Pendo para garantizar así su similitud genética.

Entre ellas, se prevé el levantamiento en una de las fincas del proyecto en San Roque de Riomiera (Santander) de una arboleda con tilos, tejos y una veintena de hayas en recuerdo del expresidente del Banco Santander, Emilio Botín, fallecido el pasado 10 de septiembre.

Un paisaje marcado por la mano del hombre

Según el presidente de la FNyH, la montaña pasiega constituye un paisaje “único y singular”, marcado por la acción del hombre, quien a lo largo de los siglos ha erigido en la zona unas 7.000 cabañas sobre laderas abruptas donde pasta el ganado, protegido por pequeños muros. Se trata además de una “encrucijada botánica” con una “gran riqueza” desde el punto de vista ecológico e hidrológico, con ríos en su vertiente norte como el Miera, Pas y Asón que, sumados, abastecen al 47 por ciento de la población cántabra.

Precisamente una de las claves del proyecto es la recuperación de variedades locales de ganado doméstico para establecer “pequeños cortafuegos” con los que se combaten los incendios y se refuerza la supervivencia del bosque replantado, según Sánchez, que ha asegurado que el sistema “está funcionando” aunque a base de un “alto coste de mantenimiento”.

En este sentido, algunos de los animales empleados se encuentran en peligro de extinción. Es el caso del caballo losino o la vaca roja pasiega, cuya población retrocedió desde finales del siglo XIX como consecuencia de la introducción de la vaca frisona desde Holanda. Aunque se la llegó a creer extinta, a finales de la década de 1990 los veterinarios comenzaron a localizar algunos ejemplares en la zona hasta formarse un censo estimado de 200 individuos, según el guarda particular de campo de la FNyH, Lorenzo García Fuente.

Involucrar a la población local

La montaña pasiega fue sometida a un intenso proceso de deforestación entre los siglos XVI y XVIII que supuso la tala de más de 10 millones de árboles que se convirtieron en la materia prima para la construcción de embarcaciones y cañones para la Real Armada en astilleros como los de Garnizo. Así, solo de 1720 a 1770, fueron armados 36 navíos, 23 fragatas, 15 paquebotes y tres galeones.

A continuación, cuando concluyeron las talas a gran escala, arrancó la ganadería basada en un sistema de quemas provocadas y periódicas que, según Sánchez, han impedido la evolución y regeneración natural del bosque y han conducido a la desaparición de especies como urogallos, osos o pájaros carpinteros. Se trata de un proceso que se ha mantenido hasta la actualidad, cuando la erosión del suelo provoca el arrastre de sedimentos a lo largo del río Miera hasta la bahía de Santander.

“Recuperar todo esto va a llevar varias generaciones; esto simplemente es un inicio, una gota de agua en el océano. Alguna generación tenía que empezar con esto y ésta lo ha hecho, ha comenzado a reforestar estas montañas para recuperar todas las capacidades ecológicas que el bosque nos brinda”, ha recalcado.

Preguntado por las prácticas de quemas que todavía persisten entre los ganaderos de la montaña pasiega, el alcalde de Vega de Pas, Juan Carlos García Diego, ha matizado que se trata de un proceso “tradicional” en la zona, que provocaban antiguamente algunas familias para ganarle terreno al bosque, frente a las “hectáreas y hectáreas” que llegan a arder “sin control” en la actualidad.

En este sentido, el edil ha lamentado la “mala gestión” que, a su juicio, ha padecido la montaña pasiega por parte de quienes han buscado repoblar el monte “desde despachos y en el campo”, sin contar con quienes “viven, trabajan y disfrutan” de este hábitat sobre el terreno.

“Es un error que hemos cometido también nosotros. Es fundamental involucrar a la población local: Al principio, la gente de la zona se mostraba un tanto reacia, pero después se han ido animando, especialmente los jóvenes, gracias a las campañas de sensibilización y a la participación cada vez mayor de los vecinos en el proyecto”, concluye Lorenzo García.

Fuente: Europa Press

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