No puedo más que sentirme molesta e indignada cuando el 24 de junio veo imágenes como las que ha publicado El País del estado en el que se quedan muchas playas españolas, llenas de residuos, tras la celebración de San Juan.

¿Cómo es posible que seamos capaces de, después de haber estado pasando un buen rato  y disfrutando con la familia y amigos, dejar las playas así? Es bochornoso. Además, luego exigiremos que esas playas al día siguiente estén perfectas y no haya ni rastro de la basura que hemos dejado para poder pasar un día estupendo tomando el sol y bañándonos en unas aguas limpias, o nos quejaremos de que queden plásticos enterrados en la arena o de las basuras marinas.

Cuando yo era pequeña no recuerdo que las playas amaneciesen así (tampoco ha pasado tanto tiempo), pero está claro que algo sí ha tenido que pasar o cambiar en la sociedad para que en unos años las cosas hayan derivado en esto.

Jon Nazca (REUTERS)

Puedo especular sobre qué ha podido suceder: falta de concienciación, de educación, de responsabilidad, dejadez, ausencia de valores… Suena a abuelo Cebolleta, pero es verdad que ahora no cuidamos las cosas como antes y este es un claro ejemplo de ello. Ahora todo vale, sin pensar en los demás, solo en nosotros y en el momento actual. Está muy bien que nos preocupemos por nosotros mismos, pero hay que entender que el entorno y la naturaleza también es nosotros. Así, tenemos que percatarnos, e intentar hacer que los demás se den cuenta, de que no podemos ir por ahí pensando que nuestros actos no tienen consecuencias y que, en ocasiones como la de San Juan, como detrás va a venir otro a limpiar lo que yo he ensuciado no importa que lo deje todo hecho un asco. No, el mensaje a transmitir no es ese.

No debemos equivocar el mensaje, que parece que ahora está de moda y es muy bueno salir a limpiar lo que otros ensucian (buena iniciativa, pero sin perder de vista que no es la solución). Lo que realmente debe calar en la sociedad es que no hay nada como no generar el daño.

Hay que educar en el respeto, en evitar ensuciar algo que es de todos, pero que si yo lo he ensuciado es mi responsabilidad recogerlo y dejar ese espacio común igual que me lo he encontrado. Al menos así es como pretendo enseñar a mis hijas y que desde bien pequeñas comprendan qué es lo importante y lo demuestren con sus actos y comportamientos.