Como criterio general, frente a la generación de residuos se plantean los principios de reducir, reutilizar y reciclar. Y como principios generales son correctos. Pero ¿puede haber casos en que reciclar sea menos deseable que gestionar el residuo? La respuesta es que sí, puede ocurrir que reciclar no sea siempre la mejor solución; y la forma de saberlo es hacer un Análisis de Ciclo de Vida completo, empleando alguna de las herramientas típicas para ello, como SimaPro o Gabi.

Tradicionalmente se dice que reciclar supone un ahorro de energía, de agua y de materias primas, así como un menor impacto en los ecosistemas y los recursos naturales. Y es cierto. Por ejemplo, si se recicla el acero de la maquinaria, los vehículos, los barcos, etc., al final de su vida útil, se evita tener que extraer materia prima mediante minería.

Pero una vez que un producto llega al final de su vida útil, prepararlo para su reciclado consume energía, agua, recursos naturales, terreno (para la planta de reciclado) y genera emisiones a la atmósfera, el agua y los suelos:

  • Para empezar hay que recoger los productos a reciclar y llevarlos a una instalación donde se hagan las operaciones necesarias para que pueda ser incorporado otra vez en el ciclo de producción. Tanto el transporte como la planta de reciclado consumen importantes cantidades de combustibles y energía.
  • A veces los lugares donde se hace el reciclado son lejanos, obligan a grandes transportes de ida y vuelta y las condiciones en que se hace esta operación dejan mucho que desear.
  • La combustión de combustibles, la generación de energía y la propia operación de reciclado:
  • Precisan el consumo de algunas materias primas.
  • Ocasionan la emisión de Gases de Efecto Invernadero, partículas y otros gases.
  • Generan vertidos y residuos.
  • Suponen la ocupación de suelos.

Si el saldo en la comparación entre lo que se ahorra con el producto reciclado y lo que se genera para reciclarlo es positivo, el reciclado es la elección adecuada. Pero no siempre las cosas están tan claras como sería de desear. Es necesario evitar que como consecuencia del reciclado se produzca un traslado de impactos de unas fases del Ciclo de Vida del producto a otras, y que ello conduzca a un resultado global peor que el inicial sin reciclaje. En Ecodiseño es indispensable tener en cuenta los posibles traslados de impactos.

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Y para ponerlo de manifiesto (a título meramente orientativo y como ejemplo) vemos a continuación la comparación del impacto ambiental que genera obtener madera en una explotación forestal para producir pasta de papel y reciclar papel usado para que pueda ser utilizado para hacer otra vez papel. La comparación la hemos realizado con la metodología de evaluación de impacto ambiental de la Unión Europea (ILCD 2011 midpoint). Y hemos utilizado el programa SimaPro.

Como puede verse en la gráfica (en la que presentamos la fase de normalización de la evaluación de impactos), hay categorías de impacto que son más favorables a la obtención de la madera de una explotación forestal (columna verde) y otras que muestran como preferible el reciclado de papel usado (columna roja).

En definitiva, para hacer las cosas “con fundamento” conviene estudiarlas bien y para ello, una metodología muy útil es el Análisis de Ciclo de Vida, que se utiliza en el Ecodiseño serio de productos complejos e importantes. La herramienta que permite aplicarla es un software como Sima Pro o Gabi.

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Este post fue originalmente publicado en el blog de Abaleo SL