Todos hemos estudiado en el colegio que los ríos forman meandros, que tienen tramo alto, medio y bajo, que en el tramo medio se dan las llanuras de inundación (buenas para la agricultura) y en el bajo los estuarios. También estudiamos que hay ríos más caudalosos que otros, o más regulares, y que algunos tienen fuertes períodos de crecidas. Los que seguimos aprendiendo sobre la geología, geomorfología e hidrología aprendimos la complejidad de las dinámicas fluviales, lo que significa el dominio público hidráulico y las crecidas extraordinarias, la laminación de avenidas y el encajamiento de los ríos por erosión en el cauce.

Parece que todo eso que aprendimos sobre cómo se comporta un río de forma natural se nos olvida cuando hay un suceso de avenidas o inundaciones en algún rincón del país debido algún fenómeno de precipitación extrema. La reacción es siempre la misma, además de lamentarnos por las pérdidas humanas y materiales pensamos que la naturaleza se ha vuelto salvaje y que tenemos que tomar medidas para luchar contra estas catástrofes, empezamos a oír hablar de que no se ha previsto lo suficiente, y que no se han realizado los trabajos de «limpieza» de cauces y dragados que serían necesarios para evitar estos episodios.

Expertos de entidades como la Fundación para una Nueva Cultura del Agua, y el CIREF nos recuerdan que las crecidas e inundaciones son procesos naturales de los ríos y beneficiosos tanto para el ecosistema como para la propia dinámica del río. En la Guía de Buenas Prácticas para gestión de inundaciones de ECODES, que os recomiendo leer se citan los numerosos beneficios de las crecidas:

  • Dimensionan el río para que pueda funcionar correctamente equilibrando la erosión y sedimentación
  • Son el motor de la dinámica fluvial, transportan sedimentos y crean nuevos hábitats
  • Limpian el cauce de forma natural oxigenando el agua, diluyendo contaminantes y eliminando especies invasoras
  • Controlan las poblaciones de fauna y flora
  • Fertilizan la llanura aluvial aportando nutrientes a las vegas que usamos en la agricultura y también aportan nutrientes en las desembocaduras que favorecen a las poblaciones piscícolas marinas.
  • Recargan los acuíferos que mantendrán viva la vegetación y mantendrán el caudal del río en momentos de sequía

Siempre que se respete el equilibrio natural del río y se realice una ordenación correcta del territorio será posible aprovechar todos estos beneficios que ya conocían las antiguas civilizaciones; el problema viene cuando vivimos de espaldas a la naturaleza y nos olvidamos de por qué se delimitan los dominios públicos hidráulicos, o no realizamos evaluación de riesgos de inundaciones y seguimos urbanizando, eliminando bosques de ribera, y no realizando una correcta ordenación del territorio. La realización de acciones puntuales como los dragados y limpiezas de cauces, aumentan la velocidad de desagüe en un momento puntual, pero ocasionan desequilibrios en el ecosistema y problemas aguas abajo de los cauces siendo en muchos casos peor el remedio que la enfermedad.

Renaturalización y descanalización del río Thur, Suiza. http://www.eawag.ch/

El término Territorio Fluvial que se estableció de forma consensuada en la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos se proponía como una de las posibilidades más interesantes de la restauración fluvial, consiste en conseguir recuperar el espacio fluvial  compuesto por su cauce, las riberas y la vega o llanura de inundación para el río. Aunque lo ideal sería que se no hubiese intervención humana y que el río recuperase naturalmente sus terrenos y los incorporara a su cauce autorregulándose de nuevo, en ocasiones se interviene para conseguir revertir procesos antrópicos o acelerar la regeneración natural.

Es aquí cuando entran las actuaciones de restauración ambiental en ríos entre las que podemos destacar:

Revegetación de cuencas y riberas: el aumento de la vegetación y la recuperación de las diferentes franjas de vegetación de ribera regula los caudales, mejora la infiltración en el terreno, laminando las avenidas, reteniendo sedimentos y ralentizando la velocidad del agua además de recuperar nuevos hábitats para la fauna.

Reconexión y recanalización de antiguos meandros que han sido cortados por desviaciones del cauce, motas, o canalizaciones. Aumentando el recorrido del río disminuimos la velocidad del agua y aumentamos la infiltración en el terreno.

Eliminación de presas, azudes, vados y otros obstáculos: en muchos ríos pequeños se dan estas infraestructuras ya en desuso que rompen la continuidad del río, favorecen la acumulación de materiales en puntos concretos y fragmentan el hábitat. Lo mismo ocurre con las motas para evitar las inundaciones en algunos tramos, que en muchos casos deben ser revisadas y eliminadas para propiciar la inundación natural de zonas sin riesgo que laminen las avenidas.

Descanalización de ríos, y eliminación de escolleras, y defensas no necesarias y recuperación de llanuras de inundación.  La artificialización del cauce realiza el efecto contrario del que el río haría de forma natural, haciendo que aumente la velocidad de la corriente y que el río se desborde aguas abajo de las zonas canalizadas, se disminuye el depósito de sedimentos en el terreno y se desnaturaliza el entorno.

Un buen ejemplo de estas actuaciones para la laminación de avenidas y el aumento de la conectividad lateral del río fue el realizado en el río Órbigo.

Recuperación o creación de lagunas y humedales adyacentes al cauce que permitan absorber parte de las crecidas. En ocasiones la extracción de áridos origina espacios para la creación de humedales como ya comentamos en un post anterior .

Éstas son algunas de las propuestas que ya se están realizando en el terreno, aunque es necesario que previamente se realice un estudio exhaustivo de la dinámica del río, una correcta evaluación de riesgos, prevención y una negociación con la población afectada en el caso del cambio de usos del suelo o expropiaciones en zonas donde queramos devolver el territorio fluvial a los ríos. También será necesaria una correcta información y educación ambiental para «desaprender» todas esos términos y soluciones que asociamos con las inundaciones, para que dejen de ser una catástrofe y vuelvan a ser un proceso natural.

De la restauración de ríos  y humedales, y de otros espacios afectados por diferentes actividades humanas con un alto impacto ambiental hablaremos en el curso Restauración ambiental de espacios degradados que os invito a conocer.