Ciertamente, no es suficiente. Después de más de 27 años del informe histórico Brundtland (Nuestro futuro común) en el intento de implementar sostenibilidad y de todas las cumbres de desarrollo sostenible y de cambio climático, casi ningún indicador nos muestra avances significativos y adelantadores en la reducción de emisiones de CO2, cambio de uso de suelos, pérdida de biodiversidad y agua dulce, entre otros.

En razón a lo anterior, podríamos deducir que en nuestro viaje a la sostenibilidad hemos fracasado. A mi parecer, en gran medida porque las relaciones están fragmentadas y cada elemento está separado del otro, generando en consecuencia un planeta al borde del colapso ecológico, donde el ser humano es movido por sus intereses personales, la sociedad por la competencia y la naturaleza vista como un objeto a esquilmar. Con lo cual, completamente enajenados por el éxito efímero de objetivos de corto plazo.

«No hace falta mucho para vivir y disfrutar de la vida…. Se puede disfrutar con poco, e incluso la saturación de experiencias agradables acaba matando el placer»

(Fragmento del libro Conversaciones sobre crecimientos y colapsos de Joaquim Sempere i Carreras, 2023: pág. 227).

La sostenibilidad se compone de tres dimensiones: ambiental, económico empresarial y social. Si bien la propuesta de la sostenibilidad ha logrado poner en discusión la temática ambiental y social, estas dimensiones están muy lejos de encontrar un equilibrio en modelo, preferentemente, de economía neoliberal basada en el consumo, crecimiento constante, presa de las cuentas de resultados trimestrales y de los mercados.

Joaquim Sempere i Carreras, doctor en Filosofía y licenciado en Sociología, en una reciente entrevista sobre el ultimo libro «Conversaciones sobre crecimientos y colapsos» (Icaria, 2023), indica que la «sociedad parece haber asumido la crisis ecológica, incluso la energética, pero la acción política en el terreno práctico no se corresponde a esta supuesta conciencia. Cómo si no se quisieran asumir las consecuencias y los cambios que hay que hacer para parar o revertir el deterioro ecológico». Sempere i Carreras ahonda en la idea que la «gran masa de la gente, que a pesar de ser cada vez más consciente de lo que está sucediendo, no quiere renunciar al estilo de vida que lleva. Hay una gran inercia que hace que no sea tan fácil renunciar, por ejemplo, a lujos como el coche o a viajes transoceánicos».

Por lo tanto, cabe un cambio de enfoque. Lo cual, no está relacionado con sumar o restar elementos conceptuales de la sostenibilidad, sino una transformación profunda en cuanto a la percepción y del entendimiento sobre los organismos vivos y el mundo que nos rodea, y de nuestras formas de relacionarnos con la totalidad. «. Según Sempere i Carreras esto «nos obligará a transformaciones drásticas las próximas décadas en los estilos de vida.».

 

El cambio de enfoques debe ser radical, esto sobrepasa al turismo como actividad, si no como personas y la sociedad nos relacionamos con la naturaleza. Nuestro gran desafío es el cambio climático, y como nos adaptamos a ello. Lamentablemente, como sociedad no hemos tenido un debate serio y de largo plazo a esta cuestión, ni las ciudades y, en particular los destinos turísticos, hablan de ello con firmeza.

Por lo tanto, la sostenibilidad la búsqueda de modelos de ecoeficiencia, responsable con el destino y las personas locales, regenerativo con el paisaje, etc. será siempre positivo y el único camino posible.

A la par, de ir acompañado de una transformación de las personas. Las cuales deben ser conscientes de que sus acciones, decisiones, opiniones entre otros tienen consecuencia en la casa en que vive (la naturaleza). Apelando a algo tan simple, en términos de la biología de la conservación, a la sobrevivencia de la especie homo sapiens. Por lo cual, cualquier decisión de hoy debe ser pensada en como mejor me relaciono con la naturaleza, favorezco su persistencia y reduzco mi huella de carbono e hídrica. Eso no es fácil, sobre todo pensando en la situación actual, que las necesidades a solventar son otras, pero nuestro modelo económico de corto plazo, finalista, sobreprimado el beneficio nos ha llevado a esta encrucijada.

Siguiendo con Sempere i Carreras «no podemos obviar el valor que tiene el viaje para las personas y como esto forma parte de nuestro bagaje en términos puramente humanos. Viajar y conocer nuevos países y culturas nos produce una gran satisfacción y nos enriquece humanamente y culturalmente. Los viajes que he hecho más satisfactorios son aquellos en que he podido estar durante bastante tiempo al lugar donde he ido, conociendo gente que me han acogido, acompañado e introducido en la vida de sus países. Esto quiere decir una visión más lenta y pausada del viaje«.

Para resumir, a mi forma de ver, mientras no haya un cambio sustancial como personas y sociedad en cómo nos relacionamos con la naturaleza seremos siempre unos enfermos latentes. Por cuanto, el mundo se mueve en base a nuestras decisiones diarias, si eso no cambia todo lo demás serán analgésicos. Siguiendo con las ideas de Sempere i Carreras «hay que salvar el ocio, salvar las vacaciones y ser capaces de imaginar unas prácticas turísticas diferentes«.

Recogiendo lo más importante, y recuperando unas 5 pautas que Alexandra Touza, de la consultora Ponle cara al turismo, considera relevantes en la transformación de la actividad turística hacia un nuevo modelo, destacan:

  1. Cada lugar es único, por tanto, precisa de una planificación especifica acorde a sus necesidades, identidad y carácter del sitio.
  2. Analizar y comprender los impactos positivos y negativos, así como los costes de la actividad siendo imprescindible garantizar el beneficio social, económico, cultural para las comunidades locales.
  3. Debemos desarrollar el turismo bajo una visión más holística (atendiendo por ejemplo psicológica, sociológica, entre otros). El turismo no es una actividad aislada del resto de la ciudad, territorio, etc. y debe integrar la estrategia en el ecosistema territorial.
  4. El desarrollo sostenible es un proceso transversal e integrador que debe integrar a todos los agentes del ecosistema territorial reforzando la colaboración, compromiso y transparencia.
  5. Involucrar a las comunidades locales como un agente más en la cadena de valor, y situándolo en el lugar apropiado, en el centro de la planificación.

A título propio agregaría:

  1. Respetar a las comunidades locales que no desean desarrollar proyectos de turismo en sus localidades en respeto a sus tradiciones, singularidades y aspectos socioculturales.
  2. Potenciar la diversificación e innovación del tejido productivo evitando la dependencia de la economía de la actividad turística, apostando por un modelo complementario de alto valor agregado.
  3. Diseñar experiencias turísticas transformadoras que permitan sumergirse en el paisaje, la naturaleza y la cultura generando un cambio profundo en la persona.

Desde el Instituto Superior del Medio Ambiente impartimos el curso Turismo y Desarrollo Sostenible (https://goo.gl/dlj9ZD), que se imparte en su totalidad en modalidad ON LINE, dedicaremos – en su próxima edición – especialmente atención a la discusión de cómo construir un turismo sostenible, responsable e inclusión social que favorezca el proteger el paisaje cultural y natural de los destinos cumpliendo los objetivos de innovación, competitividad y sostenibilidad en un escenario de cambio climático.

Con ello, queremos contribuir aportar conocimiento y herramientas técnicas para consolidar el concepto de turismo sostenible, así como abrir nuevas perspectivas para gestionar con eficacia el medio natural y cultural, a efectos de aportar beneficios a la sociedad y acrecentar el interés de los visitantes por los destinos.

Te esperamos.