El seguimiento de la avifauna se puede definir brevemente como “el monitoreo sistemático de las poblaciones de aves” y es una herramienta que puede ser utilizada tanto por expertos como por personas sin formación específica dentro de iniciativas de ciencia ciudadana para proveer datos útiles para investigaciones científicas y conservación de especies.

En la actualidad y con el constante avance de la inteligencia artificial y otras tecnologías, en muchas profesiones, ha crecido la incertidumbre sobre el impacto que pueden tener sobre las opciones laborales en el futuro cercano, ¿sucede lo mismo con los puestos ligados al medio ambiente?

Por un lado, encontramos a los expertos. Personas que han pasado horas y horas en el campo “haciendo la vista” a los cantos, las siluetas y los detalles que nos ayudan a diferenciar entre especies, además de conocer su comportamiento para saber dónde hay más probabilidades de encontrarlos. Los seguimientos realizados por estos expertos son precisos y fiables, lo que reduce significativamente los errores en la recolección de datos. Además, suelen aplicar metodologías estandarizadas y rigurosas, lo que facilita la comparación de resultados a lo largo del tiempo y entre distintas localidades. Esta calidad en los datos es especialmente importante cuando se trata de evaluar especies amenazadas o diseñar políticas de conservación.

Por otro lado, los seguimientos sin expertos, comúnmente desarrollados a través de programas de ciencia ciudadana o actividades como los bioblitzs, ofrecen, a priori, una buena cobertura espacial y temporal. Gracias a la participación de voluntarios, es posible recolectar grandes volúmenes de datos en múltiples lugares simultáneamente. Este tipo de iniciativas tienen un buen impacto pues fomenta la educación ambiental, la sensibilización pública y el compromiso social con la conservación de la naturaleza.

No obstante, la principal desventaja de los seguimientos sin expertos radica en la calidad variable de los datos. La falta de formación puede derivar en errores de identificación, mostrar sesgos en sus observaciones, como registrar más frecuentemente especies llamativas o zonas de fácil acceso, omisiones o inconsistencias en los registros. Aquí es donde entran la IA y las nuevas tecnologías con el uso de aplicaciones móviles y otros aparatos fáciles de usar y que, sumados a guías visuales y sonoras, ha mejorado notablemente la fiabilidad de estos datos, aunque sigue siendo necesario aplicar filtros y controles de calidad antes de su uso científico.

¿Cuál es la conclusión? Podemos afirmar que las nuevas tecnologías han venido para quedarse y que pueden ayudarnos a gestionar nuestra falta de experiencia al inicio, pero lo ideal es seguir formando a expertos con cursos en técnicas y metodología de seguimiento de avifauna, labor que realiza el ISM, sin olvidar que el objetivo sigue siendo ampliar el conocimiento para mejorar la conservación de las aves en un mundo cada vez más cambiante.

 

infografia expertos avifauna vs ia

Comparativa entre el seguimiento de avifauna realizado por expertos y las nuevas tecnologías basadas en inteligencia artificial. Fuente: ISM